Porque fue Dios quien me mandó a este mundo, al mundo que desea que yo mire, observe y sienta lo que ellos sienten.... porque hasta ahora, no encontré una sola razón para dejar de ir, y por lo contrario... cada visita al manantial de los deseos revierte mi convicción, alcanza mis anhelos y revive lo que en mi había muerto... el amor.
Los fines de semana, de sábados a domingos, cuando el sol se oculta y la noche empieza a tomar forma, con las pequeñas luces que ilumina el cielo tachonado de estrellas, voy al paraíso del edén. Sí, un lugar donde me quedo los fines de semana, como un campamento, una pijamada, una trasnochada, o como lo quieran llamar.
Jóvenes de mi edad, muchachos que tienen una identidad más fuerte que el acero pero con el corazón más noble que hay, cada quién tan distinto de otro, cada uno con una personalidad diferente. Uno más tranquilo, otro más imperactivo, uno más filósofo, otro más consejero, uno más alegre, otro más amargado, uno más reservado, otro más sociable, uno más trasnochador y otro más dormilón, y así cada quién fiel a su estilo.
Pero, todos, sin excepción alguno, dieron esa cuota que nadie les obligó a darme. Ese granito de arena que en esos momentos le hacia falta a mi vida. Esa inyección de anhelar muchas cosas y que esas cosas se hagan reales algún día. Lo que muchos adolescentes y jóvenes desconocen, esa luz que tantos buscan pero que pocos alcanzan, esa bendita luz de vida que tanto me costó tener pero que una vez obtenida, difícilmente la quiera dejar ir.
Y es que al principio era un extraño en ese lugar de lo desconocido. Era de esas personas que les cuesta adaptarse rápido a un lugar, pero fue entonces que llegó el primer enviado. Se presentó con una sonrisa de oreja a oreja, con una alegría que desbordaba todo su cuerpo y un brillo sobre su rostro. "Que tal, soy Joshep", me dijo con cierta sensatez.
En esos momentos, fiel a mi estilo, me dije a mi mismo: "Y a mi que me importa que te llames Joshep, Juan o como fuere", pero preferí quedarme callado, por guardar el respeto y la cordura. Pero eso no fue todo, a raíz de su presentación, empezó a contarme cosas que yo ni siquiera le había preguntado, y después de 1 hora cuando terminó de hablar, me dijo: ¿Y tú que tal?
Fui cortante en mi respuesta y le dije lo que muchos hubieran respondido.. "Yo estoy bien y tranquilo". Esperé que se fuera con la respuesta que le di, pero a cambio me dio un abrazo y un apretón de manos. Yo, me quedé sorprendido por su actitud más que por mi insolente respuesta. Aquel día me inspiró cierta confianza que hasta el día de hoy no se ha ido. Después me enteré que era uno de los académicos de la iglesia.
¿Académicos? Son personas que le dan su vida a Dios, dejan familia, estudios, trabajo, amistades, etc, para dedicarle de lleno al ministerio (la obra de Dios).
Pero bueno, así como conocí a Joshep, también conocí a los otros chicos que más adelante se convertirían en mas más que simples amistades, son, como les suelo decir, una familia.
Una familia con la que no solo comparto mis ideas, sino también tiempo, felicidad, tristeza, sueños y sobre todo un pensamiento ideológico que se resume a una sola palabra, Cristo.
Esa fue la base de todo lo que está en este cuerpo textual, porque la verdad y para ser sincero, solo busqué una excusa para hablar de lo que ahora es mi vida. Una vida que cambió hace no más de 4 meses, cuando retomé lo que había dejado, una vida que al conocer la verdad de las cosas, las otras comenzaron a perder valor. Ojo, no las amistades, sino las cosas que antes hacía y que sin darme cuenta, me iban matando desde el fondo de mi ser, del cual emana la vida y las esperanzas, el alma.
Pues cuanto quisiera que muchas de mis amistades, familiares, etc, conozcan lo que yo estoy viviendo y pudieran compartir esa visión que alguna vez esos jóvenes me ayudaron a descubrir. Pero es cierto, dicen que muchos son los llamados, pero POCOS son los escogidos. Creo, hasta el momento, que soy uno de los tantos escogidos. Y si de alguna manera, crees y sientes que tu puedes ser una de esas personas, no te reprimas ni te cohíbas, porque más gratificante es lo que vives en este mundo nuevo, que en ese mundo paranoico que solo te trae consecuencias eternas.
Para atizar un poco la conversación, te presentaré algunos personajes que colaboraron con esta historia.
Los 7 del Callao:
Joshep: Joven carismático, casi siempre lo verás con una sonrisa, explosivo y espontaneo, loco, dueño del micrófono y las alabanzas. Facilidad para ganarse tu confianza, habilidad para salir de las circunstancias. Actualmente, líder de tres jóvenes, entre ellos, el que escribe.
Kenjy: Una persona seria. Difícilmente lo verás sonreír pero las pocas veces que lo hace, te contagia la alegría que desprende su cuerpo. Habilidad para discernir a la gente, sobre todo cuando te encuentras ofuscado o triste. Siempre te dirá las cosas de frente, sin rodeos, y esas palabras son las que te ayudarán a crecer como persona. Hace que te desenvuelvas como tal y desarrolles una identidad fuerte y estable. Te hace ver la vida desde otra óptica pero sobre todo... es una persona a quien le puedes llamar amigo, excepto yo que le digo hermano.
Mazami: Es de las pocas personas que hace que analices tu vida a través de un libro o una historia. En ocasiones, aprendes rápido de sus propias palabras. Portador de una gran vos y sensibilizar a los demás con sus cánticos. Emana júbilo en sus ojos, a pesar que aveces parezca que estuviera durmiendo.
Joel Bobadilla: Bautizado como "Sin Bandera". Una persona pequeña pero con un gran corazón, trabajador hasta la madrugada y 100 % atento a los demás. Sus ocurrencias te esbozan un destello de picardía. Es el último en salir de la casa y el primero en llegar. Las pocas palabras que te dice, llegan directo al corazón
Gonzalo: Rebelde como es único. No teme en decirte las cosas que piensa, sincero y transparente son sus virtudes. Bromista pero serio a la vez cuando te quiere decir algo. Su tamaño y temperamento refleja lo manso y dócil que es por dentro.
Daniel: Bipolar. Hay ratos en que vez a una persona seria, estricta y dictora, pero en menos de un abrir y cerrar de ojos lo ves sonriente, bromeando, confiable. Tiene el carácter de un discipulador y su vida es un ejemplo a seguir. Transmite fuerza y perseverancia.
Juan Junco: El encargado de poner el ritmo fuerte a la vida. Pieza clave en las alabanzas con su fiel amiga la batería. Cada foto tomada por su Ipod, transmite compañerismo, fidelidad, alegría, ocurrencias, etc. Te baja las revoluciones del temperamento con una simple palabra. Solidario y gentil es lo que representa.
Los Venezolanos:
Anderson: Su personalidad lo asemejo a la de un niño. A veces un poco triste y en otras muy sonriente que no puede contener esa alegría. Vulnerable a las adversidades pero fuerte como el aprendiz de David. Usando 3 palabras te convence de lo desea, pero su nerviosismo crónico lo delata fácilmente. Si algo tengo que admirar de él, es que siempre muestra una cara opuesta a las circunstancias que puede pasar, con sus ocurrencias diarias.
Cleybert: Quizá la persona que me adiestró más al conocimiento y al fortalecimiento de la Fe. Imperactivo para realizar las cosas, visionario a lo nuevo y por su semblanza y personalidad te muestra una nueva forma de vida espiritual. Corazón para dar antes que recibir, para enseñar, para aprender, para ayudar a los que te necesitan. Su alma es el imán que atrae a nuevos jóvenes con ceguera mental. Su sonrisa y su dejo veneco , muestra tal y como es ante los demás.
Pues, me faltarían mencionar muchas personas más en esta corta historia de mi vida. Cómo la nueva generación de fuego que se ha levantado, donde chicos y chicas están con el ánimo y la desesperación de buscar más y más y más... a un Dios que no solo lo toman como un ser supremo, sino como un Papá. Mencionar a los más experimentados, que apenas con dos palabras hacen que te arrepientas y busques una nueva salida a ese problema. Cómo dejar dejar de mencionar a la persona que permite que me quede los fines de semana, una persona que me instruyó, educó y manifestó lo que es el amor a Cristo, pues muchos lo llaman como un líder, pues para mi siempre será mi primo Jorge. Y para finalizar, mencionar al piloto que me está llevando a la visión que está sobre mis ojos, la persona encargada de llevar todo el barco a su destino, y lograr que cada una de las personas que fueron mencionadas, lleguen a su realización personal. Sí, el comandante del ejercito, el capitán del equipo, el presidente de nuestras vidas, el Ps. Ricardo Castro.
Esta es mi vida, esta es la visión que corro, esta es la fortaleza que tengo, esta es mi familia , esta es la historia que deseaba contarte, este es solo el fin de un nuevo inicio que acaba de surgir.