30 jun 2011

Medalla de honor para "Coquito"

Everardo Zapata es reconocido en el Congreso por su trayectoria como docente y autor del famoso libro.

Lo que de raíz se aprende nunca del todo se olvida. Una ceremonia tan emotiva fue la que recibió ayer Everardo Zapata, autor del libro “Coquito”, por su gran trayectoria como docente. Sus palabras deleitaron a más de uno en el Congreso, sobre todo cuando dijo: “Soy el más grande repitente de primer grado”, haciendo referencia que siempre enseñó en primaria.

El autor nos contó que en sus 56 años de trayectoria, nunca cambió el método del libro, “el método no podría variar porque es la esencia del libro. A lo largo de la historia, los métodos duran aproximadamente unos 500 años. Yo espero que el del libro supere esa barrera”, señaló.

También nos reveló que el nombre “Coquito”, surge del nombre de uno de sus hijos que se llamaba Jorge, que de cariño lo llamaba con ese apelativo. Era una palabra sonora y a su editor le gustó la idea.

Everardo Zapata, hace memoria y nos cuenta una anécdota que le pasó en el extranjero: “En Estados Unidos, mientras mi familia compraba en los malls, los empleados me comentaban que habían aprendido español en tres meses con Coquito. Yo no decía nada. Mi hijo escuchó asombrado. Ahora él vende el libro en el estado de California”.

Cabe resaltar que este libro se ha vendido en diferentes países como: Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela, Uruguay, Bolivia, y países centroamericanos, menos México, donde son muy nacionalistas.

Todo hace suponer que el famoso libro “Coquito” ha sido todo un éxito. No solo por sus grandes ventas, sino también porque gracias al sistema de lectura y escritura, aprendieron a leer 40 millones de niños de 15 países.

Es indudablemente una persona admirable, que no solo se preocupó por enseñar en una escuela de Islay (Arequipa), si no que con la invención del libro, le abrió las puertas al mundo para el conocimiento. Seguramente pasarán las generaciones, pero el libro que una vez nos enseñó, jamás pasará desapercibido. Definitivamente algo que recordaremos con cariño.

24 jun 2011

Delincuencia No Descansa

Ladrones que vivían en los Jazmines, se dan a la fuga tras llegada de policías.

Lentitud es prometer, seguridad es cumplir. Una banda de delincuentes que residían en la urbanización de los Jazmines, en el distrito del Callao, escaparon raudamente tras la persecución de los policías. Según testigos, afirman que estos maleantes habían robado dos camionetas. Las acciones se dieron el día 24 de Junio del 2011, al promediar las 2:00 pm.

Una fuente cercana al hecho delictuoso dijo lo siguiente: “vi que tres personas llegaron rápidamente en dos camionetas de lujo y una moto roja. Inmediatamente se metieron a su casa (los Jazmines – Callao). Pero no pasó mucho tiempo para que una patrulla policial llegara donde estos malhechores estaban. Los alguaciles tocaban muy fuerte el portón donde “supuestamente” se encontraban estos rateros”.

La justicia divina llegó. Pues a pesar que varios efectivos policiales entraron con sus metralletas al refugio de dichos delincuentes, estos llegaron a escapar. Pero no todo fue negativo. Los dueños originales pudieron recuperar sus camionetas.

Se sabe también que “Nuestras Personas De Seguridad” se demoraron mucho en poder entrar a la vivienda, puesto que no tenían el permiso legal para ingresar.

“Estos atracadores ya habían robado antes. Primero asaltaron un banco en el comercial de Tottus de la avenida Canta Callao. A uno de ellos lo capturaron pero los otros tres escaparon. Si los vecinos no dicen nada, es por miedo a que estos cobren venganza”, añadió una señora que no quiso dar su nombre por seguridad.

Todo hace suponer que estos ladrones sería la peligrosa banda de los Marcas, aunque no se descarta que fuesen otros.

Este tipo de casos no es novedad en dicho distrito. Recordemos que hace un par de años atrás, unos bandidos robaron gran cantidad de dinero a una empresa de transporte (Línea 2).

La inseguridad cada vez crece más, y nuestras autoridades siguen prometiendo “Seguridad” sin tener resultado alguno. Esperemos que se tomen medidas rápidas para tal bochornoso y peligroso hecho.

17 jun 2011

¡...Maldito Chupa Sangre...!

No te ha pasado alguna vez que mientras estás durmiendo, sientes la picazón de un insecto y por consecuencia ya no puedes dormir. Al día siguiente, te levantas y encuentras un bulto bien grande, de color rojizo, y algo fastidioso. A todo esto, se lo agradecemos a nuestro querido mosquito, al que yo prefiero llamar: "El Maldito Chupa Sangre"


El siguiente video demuestra lo que hace este insecto a nuestro hermoso cuerpo.

16 jun 2011

Aduviri sale de Panamericana Televisión

Puneños unidos hasta la Muerte

Manifestantes atrincherados en canal 5 afirman que pernoctarán hasta que su líder salga en libertad.


Cualquier poder si no se basa en la unión es débil. Luego que Walter Audiviri, dirigente aymara, recibiera asilo en Panamericana Televisión, los pocos pero enérgicos protestantes dijeron que defenderán con uñas y dientes a su presidente. Cabe resaltar que, Audiviri tiene una orden de detención dictado por un juzgado de Puno, donde se le acusa por desmanes ocurridos durante el paro antiminero. Este mismo manifestó que “el caso no es delincuencial sino social”.


A esta problemática, el congresista Yonhy Lescano manifestó lo siguiente: “Si se hace afectiva la captura del dirigente Aymara, se corre el riesgo de que se radicalicen las protestas en Puno. Se tiene que cuidar la integridad física de los pobladores”. Mientras todos pensaban que el escándalo del Cristo pacifico sería el ultimo recuerdo del gobierno aprista, la crisis aymara fue la despedida del primer mandatario.

9 jun 2011

Facebook y Twitter Matan al blog

Félix Salmon, símbolo indiscutible del blogger a nivel mundial, afirma que las redes sociales están sustituyendo a la vieja escuela.













La mañana de ayer, arribó a nuestra capital uno de los iconos de la agencia Reuters, ex – periodista de la revista Portafolio y reconocido a nivel mundial como el mejor bloguero, Félix Salmon. El especialista dio una conferencia en el hotel Sheraton sobre cómo las redes sociales cambió el periodismo. Esto generó ciertas discrepancias para los periodistas de antaño que hasta hoy, siguen escribiendo en los medios tradicionales (periódico, revista, etc.)

“Si bien los blogs tienen la reputación de ser mucho más detallados y precisos que los medios tradicionales, las redes sociales como Facebook y Twitter crearon un mundo más pequeño donde las noticias viajan más rápido que nunca, terminando así con las viejas escuelas”, sentenció el periodista.

Antes de retirarse, el especialista citó una frase que generó la polémica en cierto sector del público: “La ventaja del blog es que la nota se puede actualizar constantemente. Sin embargo, en los medios tradicionales uno hace la nota y luego se publica”. Por otro lado, ciertos periodistas no estuvieron de acuerdo con lo dicho y manifestaron que “antes de publicarse una noticia, la nota pasa por muchas revisiones. Lo que se pierde en cantidad se suele recuperar en la calidad”.

Jaime Bayly: El Perdedor

UNO
En abril de 1985 yo acababa de cumplir 20 años y era un joven periodista de Canal 5 de Lima. A dos semanas de las elecciones presidenciales, luego de meditarlo y evaluar los riesgos no menores que tal operación acarreaba, decidí hacer un último y desesperado esfuerzo por impedir el triunfo en primera vuelta del joven, brillante y persuasivo candidato aprista, Alan García. Basado en la información médica que me pasó discretamente un veterano líder del partido de García, hice acopio de coraje y, en un programa en vivo y en directo, le pregunté a García, a pocos días de la elección, y a sabiendas de que encabezaba con holgura las encuestas de intención de voto, si era verdad que lo habían sometido a una “cura del sueño” años atrás (lo era: había sido sedado en la clínica San Felipe por un cuadro de severa depresión, según me contó el propio Alan muchos años después, depresión que él atribuye a la muerte de Haya de la Torre). Aquella noche de abril de 1985 creí ingenuamente que mi intrépida pregunta podía cambiar la historia del Perú. Aquella noche quise ponerle una zancadilla a Alan para sabotear su triunfo. Alan se enfadó con la pregunta, se negó a responderla alegando que se trataba de un golpe bajo. Dos semanas después, Alan obtuvo un aluvión de votos, a tal punto que el segundo candidato más votado, Alfonso Barrantes, tuvo el gesto noble y elegante de retirarse de la segunda vuelta y concederle la victoria. Fue mi primera derrota. Fue mi primer fracaso. Quise impedir el triunfo de Alan con una sola pregunta y fracasé. Fracasé en toda la línea. No solo porque Alan ganó de modo abrumador, sino porque días después me echaron de la televisión peruana y tuve que pasar los cinco años del gobierno de Alan viviendo más tiempo en Santo Domingo, donde tuve la suerte de que me dieran un programa de televisión, que en Lima. Tendría que haber aprendido entonces que ningún periodista de televisión tiene el poder de cambiar la suerte de una elección presidencial y que, si lo intenta, lo más probable es que pierda su trabajo. El tiempo demostró mi absoluta incapacidad de entender esa verdad tan simple. Soy un periodista contumaz que reincide obstinadamente en el error.

DOS
En 1990, el gerente de Canal 4 de Lima me llamó y me ofreció un programa todas las noches para apoyar la candidatura de Mario Vargas Llosa. No lo dudé. Acepté con entusiasmo. Inicié el programa en enero, seguro de que Mario ganaría, como sugerían las encuestas. A medida que se acercaba la primera vuelta, vimos cómo crecía la candidatura de un perfecto desconocido, Alberto Fujimori. Todas las noches en mi programa intenté persuadir a mis compatriotas de que votasen por el señor Vargas Llosa y de que no votasen por el señor Fujimori. No ahorré argumentos para intentar demoler la candidatura de “El Chino”, como lo llamaba la gente. Me la jugué apasionadamente por Vargas Llosa. Hice mi mejor esfuerzo para que mi programa contribuyese a su victoria. Ya en la primera vuelta, fue evidente que había fracasado, pues Vargas Llosa y Fujimori obtuvieron casi la misma votación. A pesar de que en el ánimo de Vargas Llosa era evidente que ya no quería ganar la segunda vuelta (y algunos en su entorno familiar le aconsejaban renunciar), seguí apoyando con ferocidad combativa su candidatura y continué disparando sin compasión sobre Fujimori. Tan sangrienta batalla resultó inútil. Mi programa diario (lo mismo que el programa semanal del señor Hildebrandt, lo mismo que los programas de Augusto Ferrando y Gisela Valcárcel) no ayudó en modo alguno a que Vargas Llosa ganase. Probablemente, ayudó incluso a que perdiese, pues los peruanos se llevaron la impresión de que, virtualmente, toda la televisión apoyaba con ánimo militante la candidatura de Vargas Llosa y linchaba con virulencia a Fujimori. Una vez más, perdí. De nuevo, hice campaña apasionada por el perdedor. Por segunda ocasión en mi carrera de periodista, confirmé que mis habilidades persuasivas eran escasas, si no nulas. Como ya había ocurrido cuando quise impedir el triunfo de Alan García y terminé perdiendo mi trabajo, tuve que irme del Perú cuando, en abril de 1992, el señor Fujimori dio el golpe de Estado. Los ocho años de la dictadura de Fujimori los viví en los Estados Unidos, visitando esporádicamente Lima para reunirme con mis hijas. Los ocho años de la dictadura de Fujimori me gané la vida en la televisión de Estados Unidos y me di el gusto de pagar mis impuestos en los Estados Unidos y no a la dictadura de Fujimori. Tendría que haber aprendido en 1990 que un periodista de televisión (o al menos yo) carece del poder para volcar la suerte de una elección en un sentido o en otro. Pero está claro que no lo aprendí.

TRES
El año 2000 me opuse públicamente a la reelección ilegal del dictador Fujimori. Solo el diario El Comercio publicaba mis artículos contra esa reelección fraudulenta. Aconsejé a los amigos de Fujimori que lo disuadieran de postularse. Fue en vano, desde luego. Puesto que me negué a apoyar su candidatura, me peleé con mis amigos José Enrique y José Francisco Crousillat, dueños de Canal 4, y terminé haciendo, desde Miami, un programa en solitario, sin público ni invitados, en el que me abandonaba a un largo y encendido soliloquio (monólogo que no parecía incomodarme, pues ya se sabe que escucharme es una de mis pasiones favoritas), procurando convencer a los peruanos de que votasen por Alejandro Toledo y elogiando sin reservas a su esposa, Eliane Karp. Ese programa, que sospecho nadie recuerda, fue emitido en el Perú todos los domingos por la noche (10 de la noche) el año 2000, en el Canal 13 de Lima, entonces llamado por sus gerentes, la familia Palermo, “Canal A”. Nunca me pagaron un penique por el año entero que emitieron mi programa haciendo campaña a favor de Toledo. Una vez más, fracasé. Toledo perdió. Yo perdí con Toledo. Recuerdo que cuando llegué a casa de mis padres y anuncié que había votado por Toledo, la familia entera estuvo a punto de echarme a patadas de la casa, pues todos apoyaban a Fujimori y habían votado por él. Fue mi tercer fracaso consecutivo. Mi récord como boxeador del periodismo era ya bastante desmoralizador: tres peleas, tres derrotas. Sin embargo, me negué a colgar los guantes.

CUATRO
En el verano limeño del 2001, la gerencia de Canal 2 de Lima me ofreció un programa para apoyar la candidatura de Toledo. Acepté encantado. Mi plan era apoyar de nuevo al señor Toledo y votar por él. El programa lo llamé El Francotirador. Contrariamente a mis planes, terminé disparando no contra los adversarios del señor Toledo, sino contra el propio señor Toledo, pues el destino trajo a mí a una señora piurana, Lucrecia Orozco, y a una adolescente brillante, su hija Zaraí, quienes me convencieron, tras mostrarme un voluminoso legajo de expedientes judiciales, de que el señor Toledo se había pasado los últimos trece años negando a su hija Zaraí en los tribunales de Piura. Decepcionado de la conducta innoble de Toledo, defendí con ardor a Zaraí y su madre y anuncié que no votaría por un hombre que me avergonzaba por negar a su propia hija y que votaría por Lourdes Flores. Tal cambio de simpatías me trajo no pocos conflictos en el canal 2, que seguía apoyando a Toledo cuando yo, desde mi programa, le había declarado la guerra a Toledo por el caso Zaraí. Perdí en la primera vuelta porque Lourdes Flores quedó en el camino. Luego hice una campaña tan apasionada como inútil a favor del voto en blanco en la segunda vuelta, defendiendo quijotescamente la idea principista de que un hombre que negaba a su hija no merecía ser Presidente del Perú. Volví a perder. Los peruanos eligieron presidente a ese hombre que negaba con descaro a su hija. De nuevo, mi programa de televisión fue inútil para socavar a Toledo y propiciar la victoria de Lourdes. Una vez más, por tercera vez, defendí una causa que me pareció justa y, sin embargo, perdí en toda la línea. Como era previsible, tan pronto como terminó la campaña y ganó Toledo, el dueño de Canal 2 me despidió, burlándose de mí.

CINCO
En febrero de 2006, el dueño de Canal 2 se había enemistado con el entonces presidente Toledo y me ofreció volver a su canal con El Francotirador. No lo dudé. Llevaba varios años alejado de la televisión, viviendo entre Miami y Buenos Aires, y quería sacarme el clavo y contribuir, aunque sólo fuera por una vez en mi vida, a que la candidatura de mis simpatías prevaleciera. Usé mi programa en Canal 2 para atacar despiadadamente a los candidatos García y Humala y apuntalar sin disimulo la candidatura de Lourdes Flores. A pesar de mis esfuerzos retóricos, o tal vez como consecuencia de ellos, Lourdes volvió a quedar rezagada. Recuerdo la noche insólita del conteo de la primera vuelta: Lourdes se impacientó y anunció que había pasado junto con Humala a la segunda vuelta, don Luis Bedoya festejó la aparente victoria de su discípula, yo celebré con aspavientos en mi programa en vivo en Canal 2 y dimos por hecho que Lourdes había superado por fin la valla aciaga de la primera vuelta. Pero, al caer la noche, los números de Alan fueron creciendo, Alan empató a Lourdes, Alan pasó a Lourdes y, unos días después, el resultado oficial confirmó que era Alan y no Lourdes quien había quedado en segundo lugar. Una vez más, por quinta vez consecutiva, convertí mi programa en una trinchera de combate a favor de una candidatura, la de Lourdes Flores, y perdí en toda la línea. Mi palmarés era tremendo: cinco peleas, cinco derrotas. Un peleador más humilde se hubiera retirado. Pero la humildad no parece ser una de mis virtudes más conspicuas.

SEIS
En octubre del año pasado, el dueño de Canal 2 de Lima me despidió. Probablemente lo hizo para complacer a un número no menor de amigos poderosos, a quienes mi programa resultaba irritante: Alan García, Luis Castañeda, Alejandro Toledo, Lourdes Flores. Probablemente lo hizo para sacarme del juego de la campaña presidencial, a sabiendas de que yo criticaría a los señores Toledo y Castañeda y apoyaría a Keiko Fujimori. Como ningún canal peruano quiso contratarme, me mudé a Miami y me resigné a hacer televisión en esa ciudad. No estaba en mis planes más remotos que algún canal peruano me llamase durante la campaña presidencial. Era claro que me habían sacado del juego para que no ejerciera influencia alguna. Al menos pude escribir, antes de la primera vuelta, una columna en este diario apoyando a Keiko. Luego de la primera vuelta, y como los candidatos en carrera eran Ollanta Humala y la señora Fujimori, recibí una llamada de la gerencia de Canal 4 de Lima. Me pidieron hacer un programa los domingos. Acepté encantado. Me pidieron viajar a Lima todos los domingos. Me excusé. Dije que por razones familiares no podía viajar a Lima todos los fines de semana. La gerencia de Canal 4 fue extraordinariamente generosa conmigo y me dijo que aceptaba mi programa vía satélite. No fue difícil organizar el programa para Canal 4 porque ya tenía estudio y escenografía para el programa que hacía en Miami. Alquilé dicho estudio los cinco domingos de mayo. En efecto, le pagué 60 mil dólares al dueño del canal de Miami. Contraté al personal técnico y periodístico. Leí en la prensa peruana que las empresas mineras me habían pagado una millonada por hacer mi programa. Por supuesto, no era verdad. Nadie me había pagado nada. Ni siquiera sabía si ganaría algún dinero, pues el gerente del Canal 4 me prometió una fracción menor de las ventas publicitarias que generase mi programa, y como el programa resultó de una naturaleza combativa al candidato Humala, muchos auspiciadores prefirieron no acompañarme en la cruzada. Domingo a domingo, fueron retirándose empresas cautelosas que antes ponían sus anuncios en mi programa. Domingo a domingo, cinco domingos consecutivos, hice mi más esforzada contribución para persuadir a los peruanos de que el señor Ollanta Humala había tramado un golpe contra la democracia el año 2005, que el señor Humala había aplaudido ese golpe fallido, que el señor Humala había llamado “patriotas” a los golpistas que mataron a cuatro policías en esa emboscada y que, por consiguiente, un militar que había perpetrado y festejado un golpe sangriento contra un gobierno democrático hace seis años no merecía ser Presidente del Perú. Por lo visto, teniendo en cuenta los resultados de ayer, mi programa, fiel a una vieja tradición, ha sido un fracaso más en mi carrera de periodista combativo. Por lo visto, el señor Humala ha ganado con claridad: felicitaciones y buena suerte. Por lo visto, mis programas en Canal 4 fueron inútiles para impedir su victoria. No pude convencer a mis compatriotas de que un golpista como Humala era más peligroso que la hija de un golpista como Keiko. He vuelto a perder. Sigo siendo un perdedor. Una vez más, me toca estar en el bando de los perdedores. Anuncio con orgullo que sigo sin conocer la victoria: en más de veinticinco años peleando en los estudios de televisión, he librado seis feroces combates presidenciales y he besado la lona y perdido por KO esas seis veces. El perdedor ha vuelto a perder. No por eso, está dispuesto a rendirse. El perdedor sabe que si alguien lo llama en cinco años, volverá a ponerse los guantes para pelear limpia y apasionadamente por sus convicciones.

6 jun 2011

El Suspiro de una Doncella

No entendía lo que pasaba. Ella a pesar que me seguía hablando… yo sentía, en mi fuero íntimo, que no era la misma. Hasta que una noche, con un viento frío que nos soplaba las mejillas, que nos alborotaba los cabellos, la escuché suspirar por primera vez.
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La recuerdo perfectamente. Estaba sentada en la silla de siempre, con su falda corta, su blusa color cielo y por supuesto… con su luminosa sonrisa, una mueca sonriente que despliega una música extraña, algo que llega hasta el alma.

Apostaba siempre a verla todos los días. Siempre que entraba, ella estaba ahí. Tan inocente y timorata como la primera vez que la vi. Estoy seguro que no me creerías si te dijera que la conozco de años. Aquellos años donde apenas era una niña y su única preocupación era jugar, jugar y jugar.

Han pasado cerca de 12 años y la niña de ojos grandes dejó de ser aquella nena para convertirse en una joven. La joven que ahora viste, actúa y piensa diferente.

Ella tiene la piel muy suave, parda en verano y blanca en invierno, como la de los armiños. Sus labios están partidos en dos rubís, algo irónico tal vez para ella. Y sus baños de agua, en los manantiales de las diosas del Olimpo.

Esta chica afirmaría que tiene el son de ser bella, mejor dicho, etimológicamente, Don - Bella, que vendría hacer la palabra Doncella.

Sí, es precisamente de aquella Doncella a quien me refiero. Ambos crecimos juntos, estuvimos en la misma escuela, en los mismos eventos, con los mismos amigos, compartimos muchas cosas, pero entre lo más importante fue… ese acercamiento humano al que capas otros no hayan tenido. No sabía si se trataba de una amistad o tal vez de un trato familiar. Creo que era la mezcla de ambos, revueltos como el huevo, pero con una sola esencia.

Era, es y será aquella persona de confianza. A la que le conté mis más íntimos secretos. Era algo genial, tan descollante, tan maravilloso, o como diría los argentinos… tan macanudo.

Pero parece que había llegado el invierno, y el frio con sus vientos huracanados habría congelado todo. De noche a la mañana, ella cambió. Capas ocurrió antes y yo, sin darme cuenta, seguí creyendo que era la misma.

Creo que no fui el único que se percató del cambio. Tengo la seguridad que muchos de sus amigos, y hasta sus padres, se dieron cuenta. Pero lo que ellos sabían, fue algo que nunca me enteré… hasta más adelante. Me da la impresión que fui el último en enterarme, ¿Por qué?, Es la pregunta que hasta ahora me hago.

A veces, solía levantarme de mi camastro por las noches, el sueño era algo ajeno por aquel tiempo entonces. En una noche de desvelo, estuve parado en las afueras de mi habitación, casi siempre llevaba un short y un polo de mangas cortas, a pesar del abrumador clima helado de Mayo. El cielo lo encontraba despejado, acompañados de luminosas estrellas y un astro bastante impoluto.

Ese día de oscuridad, me pareció ver a la diosa Ártemis (diosa de la luna). Ella me compadecía. Me preguntaba porque tenía ese rostro tan desencajado. Yo le conté lo que me pasaba, a pesar que hablaba solo, como un orate.

Artemis me dijo que le preguntará qué pasaba, ¿cuál era el motivo? Eso fue lo único que le escuché, o fue lo que quise escuchar en ese tiempo de alucinación. Regresé a mi camastro y el sueño al fin pudo llegar, pero antes de cerrar los ojos, pude ver la hora, 3:30 am.

Al día siguiente, pensé mucho en lo que me había pasado. Recuerdo que era un domingo. Pasé todo el día con mi familia y por la noche fui a buscarla.

Antes de llegar a la casa donde estaba, pude divisar la Doncella a lo lejos. Ella me daba la espalda, y yo, sin hacer ruido alguno, me aproximé sin hacer bulla. Al ir avanzando, noté que tenía un celular en la mano apegada al oído, suponía que hablaba por teléfono. Así que fui más minucioso en no hacer ninguna clase de sonido que pueda alertarla.

Estaba detrás de ella, le iba a pasar la vos… cuando de pronto la escuché suspirar. Me quedé sorprendido, extrañado, impresionado, anonadado, asombrado, y sobre todo, patidifuso.

Nunca la había visto así. Ella se sorprendió al verme, se le cortó la voz y cerró los ojos. Sus manos comenzaron a temblar, parecía que tenía el síntoma del delírium trémens.

Me acerqué a ella y la saludé. Ella sin decir palabra alguna, hizo lo mismo. De manera burlesca le pregunté por el suspiro que había dado, insinuando que lo hacía por algún chico. La Doncella me miró y asintió.

Ella sintió que dudaba y me miró fijo a los ojos. La dama había palidecido algo, pero luego lo negó con la cabeza, algo incomoda.

Entonces ahí recién pude darme cuenta de lo que había estado pasando. La Doncella se había enamorado, y yo jamás me percaté de aquello. Es cierto que había escuchado un secreto a voces, pero no estaba seguro, hasta el día en el que ella misma me lo confirmó.

Yo le dije que no tenía porque sentirse incomoda conmigo, que ilusionarse, enamorarse, es humano. La confianza le llegó de nuevo al alma, y ella más tranquila, me contó detalle a detalle de cómo fueron las cosas.

No solo estaba enamorada, sino que ya estaba con alguien. Me contó de cómo lo conoció, como era él, que cosas hacía y cuáles no. Como la conquistó, como se dieron los hechos, etc., etc. Lo más curioso fue que cuando me estaba contando todo, bajaba la voz, como si alguien más pudiera oírnos.

Entonces ella seguía con su relato, pero mientras hablaba, mis oídos ya no prestaban más atención a lo que decía. Mi mente divagaba por las penumbras de las calles solitarias y, esos raptos de terror parecían haberme helado la sangre, deteniéndome así… el corazón.

Sí, pude comprenderla por lo que pasaba pero tenía la misma sensación de antes, de que ya nada sería igual. Si en mi tiempo de alucinación a mí se me apareció Artemis, a ella se le presentó la diosa del amor, Afrodita.

Ya estaba todo claro, no podía negarle esa felicidad ecuánime, sería muy envidioso de mi parte. A veces, la oscuridad del alma humana aparece en su estado más puro y, por tanto, más enfangado. Por supuesto, que yo no podía ser ese tipo de individuo.

Cuando vi que esta Doncella había terminado su cuento de hadas, yo me acerqué, miré sus ojos profundos, y con cierta congoja le di un beso en la frente. Ella esbozó apenas una sonrisa que parecía más de tranquilidad que de alegría.

A la mañana siguiente, el día amaneció nublado y con amenazas de tormenta, pero la lluvia no llegó a estallar y toda la mañana la atmósfera estuvo cargada de electricidad. En medio de ese extraño clima, estaba pensando en muchas cosas, imaginando que a veces me miraba, incluso con la piadosa simpatía que merecen los idiotas. Creo que si hay algo que nunca podré olvidar, será aquel suspiro que dio aquella Doncella.

2 jun 2011

Dime: ¡QUIÉN ERES!

A tres días de las elecciones, hacemos un recuento de cuánto han cambiado ‘Nuestros Candidatos’ en lo que va de la campaña electoral. Tanto Keiko Fujimori como el ex – comandante, Ollanta Humala, han cambiado mucho su plan de gobierno, su forma de hablar y hasta su manera de vestir. Aunque parezca detalles que no tienen importancia, estos cambios han influido mucho en aquellos indecisos que hasta esa poco no sabían por quién votar.

El candidato de Gana Perú, cambió su plan de gobierno cuatro veces en lo que va de esta campaña bastante desenfrenada. Por otro lado, Keiko de Fuerza 2011, cambió su polo de color naranja por uno blanco.


¿Qué tiene que ver los colores con la influencia de votos? Para el psicoanalista, Jorge Bruce, esto tiene que ver mucho. El color naranja representa el fujimorismo puro de su padre, Alberto Fujimori. Por eso, cambió al color blanco, que quiere transmitir que es neutro y no tiene una postura definida.


“Busca blanquearse en el sentido de no tener una actitud tan identificada con el fujimorismo puro y así decir que está abierta a todos y no exclusivamente a aquellos que se identifican con el gobierno de su padre”, acotó el psicoanalista.


Pero nuestro ex - comandante tampoco se escapa del ojo crítico. Si bien vimos a Keiko cambiar de vestimenta, Ollanta Humala dejó atrás su polo blanco para ponerse saco, camisa y corbata. El analista político, Fernando Rospigliosi, dio a entender que este cambio corresponde a que hay una intención de aparentar que no es peligroso para la democracia y la estabilidad económica.

“Ollanta cree que el ponerse terno y corbata le da una apariencia de respetabilidad, por eso ha cambiado su atuendo”, sentenció Rospigliosi.


No solo cambiaron su apariencia, sino también su actitud y comportamiento. Además Rospigliosi afirma qué, la ex primera dama tiene más facilidad de palabra, Ollanta sigue un libreto escrito por sus asesores brasileños.

Hoy vemos un Ollanta Humala más dispuesto al diálogo con la prensa, y a buscar más consensos. ¿A qué se debe tanto cambio entre ambos candidatos? ¿Será acaso una estrategia para engatusar aquellos que todavía no tiene un voto definido?


Sin ir muy lejos, el último debate vimos a una Keiko muy segura de lo que decía, con su medalla de oro con forma de cruz, representando el catolicismo. Haciendo miradas a su contrincante, haciendo referencia a lo malo que sería el Perú si ella no ganara.

Tal vez estas estrategias de ambos candidatos puedan servirles en el tramo final de la carrera, pero todo parece que ninguno lo hace con suma transparencia. Este domingo será las elecciones y usted podrá elegir, quien será nuestro próximo ´Presidente’.


Ya sabemos que ambos están disfrazados para ganar un par de votos, solo queda… pedir que Dios nos ampare.