30 mar 2011

UN FELIZ DESPERTAR

Era el mes de Diciembre. Habían pasado ya 4 meses desde que ocurrió el terremoto en Perú. Sí, era el año 2007 y la navidad ya había pasado.

Recuerdo que era un 28 de Diciembre. Estaba parado en la esquina disfrutando del sol con mis amigos de siempre. Estábamos acordando que cosa haríamos por año nuevo. Habían muchas alternativas pero ninguna concreta aún. Al cabo de unos instantes… apareció un tipo alto, de piel marfilada y cabello corto. Todos lo miraron de reojo con cierta indiferencia. Yo me acerqué y le estreché la mano.



Era mi amigo, mi fiel amigo que conocí cuando apenas tenía 6 años de edad. Con una gaseosa entre manos, le pregunté qué cosa haríamos ese año con ‘La Gente’. El respondió enseguida que nada, por qué ese año la pasaría en una playa del sur, con toda su familia.

El sorbo de la bebida hizo que tragara mi amargura por tal insolente respuesta. Pues en aquel tiempo, yo era un muchacho inmaduro al igual que el resto de mis amigos e incluyendo al joven de piel marfilada. El se retiró diciendo que de todas maneras pasáramos un feliz año nuevo. Todos ignoramos sus buenos deseos y ninguno esbozó palabra alguna. Tal vez nadie imaginó que es lo que pasaría más adelante.

Pasaron los días y nadie supo nada de él. Finalmente llegó el día esperado. Sí, era 31 de Diciembre, fecha emotiva para celebrar. Pero lo que pudo ser alegría para algunos, para otros fue sufrimiento, lágrimas, y dolor.

Aquel chico se alistaba para irse a pasar el año nuevo fuera de casa. Su padre, un señor respetable, de ojos color cafés, y vos gruesa, le dijo a su familia para ir de compras. Pero solo fue su hija menor, el joven de estatura alta y su esposa, una señora que de tan solo verla te causa temor. Pero aquellos que la conocen, saben que es una persona sincera y de gran corazón.

El sol de ese día era insoportable. Las calles, restaurantes, tiendas y otros lugares públicos… estaban aglomerados de personas. Parecía una colonia de hormigas paseando por toda la ciudad.

Aquel tipo seguía transitando por aquellas avenidas, caminando de un lugar a otro. De pronto, su corazón comenzó a latir más fuerte que de costumbre, tenía el rostro empalidecido, las manos entre sudadas y un sueño profundo que comenzó acogerlo. Sus ojos pestañeaban intermitentemente. Su padre le dijo que solo era por el calor que hacía, pero su madre sabía que era algo más que eso.

El reloj de pared marcaba las 7:30 pm. En la casa de aquel muchacho, todos estaban felices porque faltaba muy poco para que se fueran a la playa… a pasar el año nuevo.

Sin embargo, lo que todo estaba planificado para una gran fiesta, terminó siendo una noche de sufrimiento, angustia y finalmente… alegría.

Todos estaban casi listos para salir de su casa. Solo faltaba que se terminara de alistar, aquel chico con el que minutos antes yo me había molestado. El estaba en el baño lavándose, cuando se escuchó un fuerte golpe en aquella noche tranquila de Diciembre.

La señora de la casa, fue rápidamente a ver qué había pasado. Cuando de su garganta brotó un grito desesperado, bastante desaforado por la situación. Su hijo, de apenas 16 años de edad, estaba tirado en el suelo completamente desmayado, con los ojos blancos y el cuerpo tembloroso.

Ese grito de alarma, alertó rápidamente a su padre. Que sin perder minuto alguno, lo cogió entre sus brazos como la primera vez que lo vio nacer. Le dijo a su hija mayor, que lo acompañara a la clínica donde sería atendido minutos más tarde. Mientras se dirigían al hospital, en su casa había mucho temor por lo que pasaría. Su madre, lloraba desconsoladamente cada segundo que pasaba. Por otro lado, su padre manejaba lo más veloz que podía, sin importarle cual luz roja se pasaba por cada semáforo con el que se encontraba. Pues era una situación realmente alarmante.

El muchacho seguía con los ojos blancos y la piel comenzó a ponérsele fría. En todo ese furor de angustia, su hermana que lo tenía entre brazos en aquel auto, comenzó a darle de palmadas en el rostro y a decirle que no se podía ir, que aún le faltaba mucho por vivir. Pues aquel joven se sintió arrullado por la delicadeza y calidez de la vos de su hermana.

Al llegar a la clínica, su padre entró rápidamente y exclamó a un doctor para que atendiera a su hijo. Los mejores doctores de aquel hospital, lo comenzaron a examinar minuciosamente al muchacho enfermo.

Faltaban solo 2 horas para que llegara el año nuevo y el muchacho de nombre Jefry Alexander Mejía Montesinos, no despertaba de tal profundo sueño en el que estaba. En los pasadizos de la clínica, se escuchaba el caminar de una persona, el cual todos vieron entrar por esa puerta donde se encontraba Jefry. Era su hermano mayor, un hombre que nadie nunca antes había visto llorar. Este, hincándose en el suelo, con lágrimas entre los ojos, pidió que por favor su hermano se levantara.

Pues para el médico tal vez no tenía importancia para el éxito o fracaso de la petición, pero para Jefry, en su fuero íntimo, la tenía. Finalmente, a las 10:30pm, Jefry abrió los ojos y despertó de tal desmayo que había sufrido. Pues fue ‘Un Feliz Despertar’ lo que había ocurrido en ese momento, desatando así… lágrimas de alegría entre sus familiares.

El origen de todo este problema, fue una negligencia médica que había pasado. En vez de recetarle una pastilla para la gripe, le habían dado una para diabéticos. Pues todo esto generó una descompostura total en todo su cuerpo.

Esa noche del 31 de Diciembre, sin lluvia ni nubes, con el cielo tachonado de estrellas que se reflejaba en las aguas del río y un rumor pasado del viento cálido, Jefry Mejía pasó el año nuevo en la clínica, y se quedó cerca de una semana.

Todos mis amigos, incluyendo quien escribe esta crónica, pensábamos que Jefry Mejía, estaba en esa playa pasándola de lo mejor. Al enterarme de la noticia, fui rápidamente a verlo a su casa y no supe que decirle en esos momentos.

Pues han pasado cerca de 4 años desde que ocurrió tal incidente, y a través de estas líneas quiero que sepa que si hubiera ocurrido lo peor, jamás me lo hubiera perdonado. Pues gracias a Dios que le dio una segunda oportunidad a él… y por supuesto a mí para decirle cuanto lo siento, y cuanto lo aprecio de todo corazón…. El fue mi amigo, lo es y lo será por siempre.

28 mar 2011

NOCHE DE VERANO (PARTE 1)

Eran 8:30 pm de un martes de Diciembre. Estaba sentado en una mesa bastante decorosa, donde en el centro había un champan y cubiertos para 8 personas. Recuerdo que el calor era abominable, quería salir corriendo pero no podía. Vestía un pantalón oscuro, camisa blanca, corbata rosada con filos plomos y blancos y un saco que me llegaba hasta las manos. A mi costado estaba una bella mujer. Tenía un peinado simple pero bonito. El vestido le llegaba a las rodillas y el color era un azul tornasolado. Realmente era una diva, una princesa, una reina. Pues aquella mujer que miraba con tanta ostentación… era mi hermana. Y yo, un poco enajenado por la situación, era pareja de una de sus amigas.
De esta forma estaba en la reunión más deseada por todos los colegiales, ‘La Famosa Fiesta De Promoción’. La señora que me dio la vida era un manejo de nervios. Corría de un lugar a otro. La presidenta (mi madre), con su simpatía recibía a los invitados que iban llegando al Golden Garden (el local). Tenía el rostro embellecido, sus parpados estaban cubiertos por una sombra celestial y el vestido era un negro elegante.

Los rostros de los alumnos, profesores, padres, hermanos, hermanas, amigos, cuñados… eran de felicidad. Sin embargo, había una persona que estaba con el rostro desencajado, medio taciturno. Era la oveja negra de aquella noche. Como olvidarlo, era un desastre. Cualquiera que lo miraba con atención podía darse cuenta de su situación, pero a nadie le importaba, pasaba desapercibido frente a tanta gente. Capas lo disimuló tan bien que nadie se dio cuenta, pero eso no pasó frente a mis ojos. Miraba a todos lados como si le faltara algo. Parecía un loco recién salido del Larco Herrera. Observaba el celular minuciosamente cada segundo, y de vez en cuando dibujaba una sonrisa cuando se prendía. Pues ese estúpido muchacho de quien hablo con tanto afán, era el hermano de la chica más bella de la fiesta. Sí, era yo.

Y digo estúpido porque yo siempre critiqué dicha situación, que se veía bastante ridículo estar pendiente de un celular esperando un mensaje de texto. Pues creo que esta vez me tocó a mí, estaba en ese saco de bobos. Igual no me importaba, solo quería hablar con ella. La chica de apellido impronunciable, era lo que más me importaba en ese momento. Quería que venga pero no debía y tampoco podía. Por eso opté por adormecer el dolor con una jarra de cerveza. Algo tonto, pero efectivo. Pude entender pero no justificar… a esos sufridos de la vida que se la pasan bebiendo todos los fines de semana.

El último mensaje que escribí fue: ¡Te quiero! De ahí, decidí bailar. Total… no le podía malograr la fiesta a la bella dama, aunque si tenía muchos motivos para hacerlo, sobre todo por el insignificante y poca cosa que tenia al lado. En fin, ya en la pista de baile, aparte de hacer el ridículo ‘Bailando’, me puse a cantar. Realmente esa noche no era yo. Tantas cosas que vociferaba con alarde y lozanía sobre aquellas personas, lo terminé haciendo también yo.

No sé, si mi actitud de esa noche era por el calor fulminante que hacía, o simplemente por las copas demás que tenía encima. Por fin, mi última hipótesis sobre tal bochornoso hecho, es que me estaba enamorando una vez más, y el celular de marca LG 800 sonó de nuevo a las 5:30 am.

‘El Mensaje Madrugador’ decía: “Yo también te quiero”.

Todo esto me pasó en un solo día, en una sola noche… en aquella noche de verano.

Megan Fox: Posando ante cámaras

27 mar 2011

MI PRIMERA ILUSIÓN

Era el mes de Enero, él corazón del verano. Cuando me quedé pensativo, tonto, perplejo. Pues aquella tarde no estaba solo, estaba con una mujer. Ella estaba sonriendo, creo que se burlaba de mí. Hasta ahora… no puedo olvidar aquellas palabras que me dijo esa vez.



Ella vive en la avenida Argentina, en un pasaje que da a una casa de esteras. Es de carácter dócil, mirada penetrante y una sonrisa escandinava. Es una chica que para la mayor parte de su tiempo en casa. Las pocas veces que su papá la deja salir es para comprar. Pero fue así como lo conoció. El galán que tanto la hizo suspirar, aquel chico con la que tuvo… su primera ilusión.

Ella tiene 15 años. No recuerda el día exacto en el que lo conoció, pero sí sabe cómo pasó. Su madre, una mujer de 60 años, cegada por un viento huracanado, la mandó a comprar a la tienda. El estaba ahí, la miró, la observó, divisó cada detalle de su fisonomía. <<>>, manifestó de modo caballeresco José, el galán de la mujer.

Ella ni siquiera lo miró, simplemente lo escuchó e hizo sordo a sus frases de galantería. Pero tuvo que pasar días y noches para que la dama de mirada penetrante… le hiciera caso.

José es un tipo flaco, de ojos pequeños, labios carnosos y tez trigueña. Pero fue así que enamoró a la dama que tanto quería, que tanto adoraba, que tanto idolatraba, y que posiblemente… amaba.

Todas las noches de luna la iba a buscar. Ella salía desesperada, nerviosa. Sus padres, sobre todo su papá... no podía verla con ningún chico. Era aquel individuo típico que es muy celoso con su hija. Sin embargo, ella salía a escondidas a verlo.

Parecía que fuera la rutina de todos los días. El reloj de pared marcaban 7:00 pm y José estaba afuera, esperándola. El soltaba un silbido. Sí, ese silbido inconfundible que hasta ahora recuerda. La dama, que era la menor de 4 hermanos, no se hacía esperar más y salía a ver a su galán. No pasó mucho tiempo para que José se le mandara y fueran enamorados.

Todo era color de rosa. El la cortejaba con lujos y detalles, le susurraba palabras hermosas al oído, le hacía obsequios inesperados, era hermoso, era romántico, se podía oler el amor en el aire. Pero lamentablemente… no todo lo que brilla es oro.

Su padre, al que la mujer le tenía tanto miedo, se enteró. Pero eso no fue el debacle de aquella relación. Tampoco fue José quien le engañó con otra. Tampoco fue ella. El gran problema de ese amor tan puro y sincero… era Cristofer, el hermano mayor de José.

Pero ¿Qué tiene que ver su hermano con ellos? Pues mucho. Cristofer… era un delincuente que recién había salido de la cárcel. Era la peor alimaña que había, era la escoria de la sociedad.

La dama le decía a su padre con suplicio que José no era así, era diferente a su hermano. El padre de contextura gruesa, vos raspante y carácter insoportable, le dijo que tarde o temprano él haría lo mismo, ya que en los genes lo lleva. La pobre chica entre llantos le repetía que era diferente, que José trabajaba en una empresa textil, era un caballero.

Su padre desesperado… le sacó una prueba más de aquel tipejo que era Cristofer. Sacó de su habitación varios periódicos donde decían cosas insanas del hermano de José. Ella terminó diciendo que no lo vería más, pero fue lo peor que dijo.

En aquellos días tétricos, José la invitó a comer a su casa. Su madre, del chico enamorado, la atendió muy bien. El joven le decía que nada le había a pasar. Le prometió que mientras ella estuviera con él… todo iba a salir bien. Pues la reunión iba de la mejor manera, el tiempo transcurría y la noche se acrecentaba cada vez más. El silencio era el sonido perfecto para la velada tan hermosa que tenían. Pero fue una situación la que cambió la historia de aquella mujer.

Gritos enardecidos, disparos en el aire, y sirenas de policías se escuchaban en la calle. Cristofer de una patada tumbó la puerta de su casa y entró. Una gran cantidad de alguaciles entraron al recinto. La madre desesperada defendía a su hijo. José con puñetes y patadas comenzó a pelearse con los policías. Era realmente un ‘Loquerio’. Pero al cabo de unos minutos, se lo llevaron preso nuevamente a Cristofer. El dolor era insoportable.

José miró a su enamorada. En las pupilas de la mujer había enojo y asco. Ella se acercó y le dijo: que lo mejor será que ya no se vean por el bien de los dos. Con lágrimas entre los ojos, José le dijo que no se fuera, que es mejor morir de un balazo en la boca o una inyección de estricnina, a estar lejos de ella. La mujer no respondió y se retiró sin decir palabra alguna. El dolor insoportable no era de la madre que su hijo había sido arrestado, tampoco era de José, el dolor agudo era de la chica que se hace unos minutos que se había retirado.

Todos los días iba José en busca de su amada, silbaba como siempre lo hacía, pero ella… ya no salía. Pasó 2 años para que José entrara a la casa de su amada. Fue el padre de la chica de 15 años quién lo hizo entrar. Pero hubiera sido mejor que no ingresara a la casa del amor de su vida.

El padre de nombre impronunciable, lo hizo entrar y José vio a su ex – enamorada en los brazos de otro. El dolor fulminó su corazón y un llanto silencioso recorría por todo su cuerpo. El padre de carácter insoportable le dijo: que ese hombre que estaba con ella, era mucho mejor que él, qué tenía un trabajo estable y que por favor se olvidará de su hija. José, se retiró sin decir palabra alguna, pues aquel joven había pagado los pecados de su hermano y el ‘Mejor Partido’ se había quedado con la dama.

Pues aquella tarde calurosa de Enero, me quedé perplejo por lo que me terminó diciendo aquella mujer. “En ese momento quería estar con José y no con tu abuelo”. Sí, aquella mujer de la que habló con tanto afán… era mi abuela. Su nombre de la dama es Mercedes. Pero luego de ver su risa dibujada en su rostro, ella terminó calmando mis dudas con una frase que hasta ahora la recuerdo. “Hijo descuida, a tu abuelo que en paz descanse, lo quise mucho. Esa historia pasó hace 65 años. Pero eso sí, aquella historia fue… mi primera ilusión”.

NO LLORES MÁS

Siempre es una pena que un familiar o conocido tuyo deje de existir. Desde muchos años atrás se ha vuelto una costumbre o una obligación que al fallecido se le haga una especie de ritual, dónde asisten amigos, familiares, conocidos y hasta desconocidos a verlo por última vez. Pues a esta reunión a la que acuden actualmente se le llama “Velorio”.


¿Qué es lo que realmente se hace en un velorio? Antiguamente se creía que ir a ver al difunto era cosa de vestirse de negro, llorar, acercarse a la caja de madera y despedirte con una oración. Pues hoy en día estas costumbres han ido cambiando y no se respeta ni siquiera al mismo homenajeado de la fiesta más triste… “El Muerto”.

Las personas que realmente sufren la despedida del ser amado, son aquellas que estaban más cerca a él. Si acudes a un velorio te vas a dar cuenta que no todos cumplen el mismo rol.

Verás a las señoras que aprovechan la situación para chismosear. También encontrarás personas que dicen cosas sin pensar, como: ¡Te juro que soy como una tumba, no diré nada! O los famosos chistes de mala fe: ¿Qué le dice un muerto a otro?... Te invito mi gusano, “ja ja ja” (que risa). Pues son distintas situaciones que hay en esa reunión. Y tú qué dices ser el más correcto y educado, vas hacia él familiar a darle una palabra de aliento, diciéndole: “Mi más sentido pésame”, ¿no crees que es una frase muy fría, poco original y muy usada?, realmente crees qué ¿será reconfortante lo que le dijiste en ese momento, ya que él o ella está triste, cansado(a), agotado(a), derrotado(a) y en estado de shock porque aún no asimila la noticia?

Pero ¿Quién puede decir qué lo que haces o hacen está realmente mal? ¿Acaso hay una ley que diga que se debe hacer en un velorio? Es más, lo que empieza en una casa, muchas veces termina en “Bomba” en una cantina, celebrando la despedida del “Muertito” hasta las 5:00 am del día siguiente. “Este vaso va por ti mi querido(a)…., siempre vivirás en nuestros corazones, ¡SALUD!”

Lo único que se puede concluir de toda está ceremonia realmente rara, es que cada uno tiene una forma diferente de cómo despedirse. Malo o bueno, en el Cielo o no, bajo la voluntad de Dios o del Diablo, ella o él ya dejaron de existir y las lágrimas más sinceras o hipócritas no harán que regrese… por favor, ¡No llores más!

Verónica...¡TE AMO!

Eran 7:00 am, tenía que ir a la universidad a rendir un examen bastante tedioso. “Como está Salvador, buenos días”, me saludaba el vecino Terrones amablemente, como todo los días.Al subir al ‘Micro’ me senté con una señora de contextura gruesa. La susodicha se enojó conmigo porque dice que le propicié un ‘Pisotón’ en el pie derecho. Realmente las cosas no me salían de la mejor manera. Estaba molesto, fastidiado, irritado, enardecido. Sin embargo, opté por la paciencia y tragué mis palabras sobre aquella mujer.

El sol de la mañana era insoportable, y el carro donde viajaba estaba casi repleto. Cuando de pronto, subió una pareja. Eran dos personas que no pasaban los 40 años, pero tampoco menos de 30. Ambos se sentaron en la parte trasera del carro.

“No intentes tapar el sol con tu perdón”, dijo muy alterada la señora que hace unos minutos había subido. Ella tenía el cabello rubio ensortijado, de tez blanca y ojos pardos. Su acompañante, apenas era un tipo flaco y escuálido, de lentes gruesos y vestidura semi – elegante.

Las palabras de Verónica, la mujer de ojos pardos, se escucharon en todo el bus. Y yo, que no se si para mala suerte o no, estaba delante de ellos.

Verónica seguía diciendo: Enrique, me has humillado demasiado. Muchas veces me dijiste que no me querías, que fui el peor error de tu vida. Gorda, fea, vieja, y otros insultos de peor calaña me has dicho.

En ese momento la concentración de todo el vehículo se centró en aquella pareja. Todos esperaban, disculpe, todos esperábamos…la respuesta de Enrique. Él dijo: Es verdad, fue eso y mucho más. Pero acaso ya no te acuerdas cuando me dijiste que alguien te cortejaba, te regalaba chocolates y peor aún… te robó un beso.

El suspenso se apoderó de todos nosotros. Era una historia realmente emocionante. Nadie decía palabra alguna, ni siquiera el chofer y el cobrador que también escuchaban con mucha atención. En esos momentos de tensión, Verónica le contestó: ya te dije que nunca quise nada con él. Siempre te quise a ti y parece que jamás lo entendiste.

Con el corazón destrozado, Enrique le dijo a la dama que miraba al vacio llorando. Es cierto que te dije muchas cosas hirientes, y por eso te pido disculpas. Muchas veces me dejé envenenar por el odio, la ira. Por eso, esta mañana te pido frente a todos, un favor. Quiero que me ayudes a cambiar, porque estoy seguro que solo no podré hacerlo. Ya olvídate de las atrocidades que te dije, y acuérdate de las cosas bonitas que pasamos juntos. Nunca olvidaré aquellas palabras que me dijiste una vez: “soy la mujer más feliz a tu lado”. Lo que Dios unió en matrimonio, espero que el hombre no lo separe. Aunque tengo la muerte en el corazón, solo quiero decirte dos palabras, que son las más sinceras posibles: Verónica… ¡Te Amo!

Verónica había hecho sordo a sus ruegos. Pero después de lo que dijo aquel guerrero, que su espada había sido el amor y el escudo la coherencia… ella lo abrazó. Los dedos de Enrique tocaban suavemente los labios de aquella mujer. El calor fulminante de esa mañana hizo que los labios carnosos del hombre desfasado se juntaran con la de su amada.

El deleite de los pasajeros fue inevitable. Todos estaban extasiados. Parecía que estábamos en la época del romanticismo, donde el hombre cortejaba con lujos y detalles a la mujer. Pues lo único que atiné a decir ese mañana fue: en el paradero bajo, por favor.

Al bajar, sentí una alegría inmensa por esa pareja. Parece que todo me iba a salir bien en ese día, pero la vida me demostró una vez más…que estaba equivocado.

Pues nunca jalé aquel examen tedioso, tampoco tuve un mal día en la universidad y mucho menos en casa. Lo único, y por cierto muy desastroso que me pasó… fue que en ese auto donde había viajado hace pocos minutos… se había estrellado y solo dos habían muerto. Sí, era Enrique y Verónica.

Parece que hubiera sido todo una película, pero era la cruda realidad. Al bajar del micro, pude ver que el carro seguía su camino. Pero en segundos nada más, hizo un giro inexplicable. ‘El Micro Maldecido’ había dado tres vueltas en campana, por esquivar a un bebe de apenas 1 año que se encontraba en la pista.

En esos momentos no supe que hacer. Estaba atónito, atemorizado. Pero fui a ver qué pasó. Vi un mar de gente que estaba herida, llorando, gritando. Y entre los fierros de aquel transporte público… estaba Enrique y Verónica, abrazados hasta la muerte.

Tuve más de un sentimiento aquel día. No sabía si tener cólera por el descuido de la madre sobre el bebé, o tener pena por aquella pareja, o simplemente sentirme aliviado por salvarme de la muerte. Lo único seguro de ese día… es que verónica y Enrique regresaron y la impredecible muerte vino por ellos.