Julio, mes de la patria, mitad del año, fecha susceptible para ella y por supuesto… para él. Retratados a través de una fotografía, algo insípida para algunos, pero con mucho valor sentimental para aquellos díscolos enamorados.
No afirmo que estarán juntos por toda la vida, pero cuando el tiempo pase y ella tenga su primogénito o primogénita, seguramente le contará a su hijo(a) que fue feliz con aquel tipo que aparece a su lado, o porque no decir… es feliz con el chico que ahora es su padre.
Tal vez sea algo vano fantasear con el futuro, pero tampoco es algo ajeno que pueda escapar de la realidad.
El estaba algo triste, su madre y hermana se habían ido de viaje para no regresar jamás. Esto hacía que se sintiera acongojado, tan solo pedía refugiarse en los brazos de su amada. Pero, lo que podría haber reforzado aquel lazo del cariño, ternura y pasión, terminó siendo el punto débil de ambos sujetos.
Empezando la semana, el chico de cabello rebelde, ojos dormilones y vos suave, la esperó en el lugar de siempre. En aquel paradero donde tantos estudiantes pasan y pasan sin preocupación alguna. Parado entre la multitud, el tipo algo impaciente esperaba a su bella princesa. Solo quería, deseaba, anhelaba, poder verla para decirle cuanto la quería, cuanto la amaba, cuan importante era para él. El imaginaba su llegada, tan risueña como de costumbre, viendo sus ojitos marrones, su sonrisa inocente, poder abrazarla y darle un ósculo en aquellos labios refinados, para así poder sentir el beso de lo que significa el amor.
Las manecillas de su reloj avanzaban sin perdón alguno. No quería pero suponía… que ella no vendría. La cara de felicidad se transformó en tristeza y sus párpados se comenzaron a cerrar. El dolor era inevitable. Se subió al carro donde muchas veces viajaron juntos, con la diferencia que esta vez lo hacía solo. Mirando por la ventana al vacio, pensando que hubiera podido pasar para que no vaya, sonó su celular. Al principio no quiso contestar, pero más pudo el poder de querer escucharla que su amargura enajenada.
Ella algo alterada le preguntó dónde estaba, este con la vos quebrantada le dijo que estaba de regreso a casa. La llamada terminó en el silencio de ambos, con la indiferencia del orgullo, con la simpatía de querer y no poder estar juntos.
Aquel día fue terrible para ambos, sobre todo para el caballero azul. Ese mismo día, en la noche de Julio, ellos conversaron de lo que pasó. Solucionaron las cosas a través de la frialdad de una computadora. Estos habían quedado para verse la mañana siguiente, en el lugar de siempre. Esta vez la dama llegó. Parecía que todo acabaría bien pero el infortunio los atrapó de nuevo.
Estuvieron juntos 30 minutos, ni más ni menos. Y la despedida fue algo terrible. Una nueva pelea se había originado. ¿El motivo? No vale la pena decirlo, pero si diré que pude ver aquellos corazones entristecidos, solitarios y dañados.
Parecía que el fin estaba cerca, sobre todo por lo que pasó en la noche de aquel día. Ella le confesó que a veces no deseaba verlo. Las palabras sórdidas hicieron mellar su corazón del tipo y la poca expresión de alegría que tenía… se fue volando como una paloma libre al salir de casa.
El caballero azul no sabía qué hacer ni que decir, solo atinó a decir que debían hablar personalmente. Las imágenes de recuerdos inolvidables comenzaron a llegar a su cabeza. Una rosa, un peluche, una carta, un anillo, una foto, una cita, una palabra, un beso, un abrazo, un juego de mesa (monopolio), una música, una mirada, un helado, un cuento… pasaron en menos de 5 minutos. No demoró mucho para que sus ojos comenzaran a mojarse por el llanto silencioso de tan entristecida historia.
La relación dependía de un hilo muy fino, que en cualquier momento podría romperse. Hasta que nuevamente quedaron en una charla, tal vez la definitiva. El la esperaba, sentado, nervioso, impaciente, timorato. Miraba el reloj cada minuto, salía a la puerta a ver si llegaba, se mojaba el rostro una y otra vez, prendía y apagaba la televisión cuantas veces podía, caminaba de un lugar a otro… y ella no llegaba. Hasta que se escuchó el sonido del llamado. ¿Sería ella? Fue abrir la puerta y para su lamento no era quien esperaba.
Estaba a punto de irse a dormir cuando nuevamente sonó la puerta. Salió y la vio parada frente a él. Sus ojos grandes brillaban en la noche oscura, tenía la mirada tierna, su piel blanquiñosa temblaba del frío y sus manos pequeñas se protegían en su casaca morada. El caballero azul le increpó por la tardanza y la princesa se escudó diciendo que tenía cosas que hacer. Pues hasta ahora no logro escuchar la conversación de ambos. El tono de sus voces es muy bajísimo, como si fuera un simple susurro y el corazón lo escuchara todo.
Mientras iban conversando, caminaban sin destino alguno. Sin darse cuenta, habían llegado al lugar que había sido la cuna de su amor, el primer sitio donde entablaron su primera conversación, su primer beso, su primera discusión, su primer suspiro. El parque del panorama verde, que la luna tantas veces los acompañó, en las bancas de cemento sólido, sentaditos ahí, juntos abrigándose. El la tenía agarrada de las manos, mirándola fijamente a los ojos. En esa noche silenciosa donde solo se escuchaba la respiración de ambos, comenzó a llover.
Las gotas de lluvia caían sobre sus rostros. La princesa, fiel a su estilo, está agestada por la conversación que llevaban. Cuando en un momento inesperado, la princesa dejó caer lágrimas sobre su rostro, el caballero con una mirada llena de ternura, la abrazó, la acarició y le dijo que lo más importante para él era tan solo su presencia. Ella no decía nada, seguía lagrimeando. Este se acercó, escuchó de muy cerca su respirar, y la besó con la pasión que Romeo besó a su Julieta. Siguieron hablando, pero no escuché más aquella conversación. Puedo inducir que llegaron a un acuerdo pero no estoy completamente seguro.
Luego de esa noche, pasaron muchas cosas más que ya no puedo contar. Ahora, el destino no juega de su lado, pero si ellos quieren las cosas les irá bien. Tal vez la relación dure poco, o derrepente como dije al principio sea por toda la vida, total… nadie sabe qué pasará en el futuro.




