Era el mes de Enero, él corazón del verano. Cuando me quedé pensativo, tonto, perplejo. Pues aquella tarde no estaba solo, estaba con una mujer. Ella estaba sonriendo, creo que se burlaba de mí. Hasta ahora… no puedo olvidar aquellas palabras que me dijo esa vez.
Ella vive en la avenida Argentina, en un pasaje que da a una casa de esteras. Es de carácter dócil, mirada penetrante y una sonrisa escandinava. Es una chica que para la mayor parte de su tiempo en casa. Las pocas veces que su papá la deja salir es para comprar. Pero fue así como lo conoció. El galán que tanto la hizo suspirar, aquel chico con la que tuvo… su primera ilusión.
Ella tiene 15 años. No recuerda el día exacto en el que lo conoció, pero sí sabe cómo pasó. Su madre, una mujer de 60 años, cegada por un viento huracanado, la mandó a comprar a la tienda. El estaba ahí, la miró, la observó, divisó cada detalle de su fisonomía. <<>>, manifestó de modo caballeresco José, el galán de la mujer.
Ella ni siquiera lo miró, simplemente lo escuchó e hizo sordo a sus frases de galantería. Pero tuvo que pasar días y noches para que la dama de mirada penetrante… le hiciera caso.
José es un tipo flaco, de ojos pequeños, labios carnosos y tez trigueña. Pero fue así que enamoró a la dama que tanto quería, que tanto adoraba, que tanto idolatraba, y que posiblemente… amaba.
Todas las noches de luna la iba a buscar. Ella salía desesperada, nerviosa. Sus padres, sobre todo su papá... no podía verla con ningún chico. Era aquel individuo típico que es muy celoso con su hija. Sin embargo, ella salía a escondidas a verlo.
Parecía que fuera la rutina de todos los días. El reloj de pared marcaban 7:00 pm y José estaba afuera, esperándola. El soltaba un silbido. Sí, ese silbido inconfundible que hasta ahora recuerda. La dama, que era la menor de 4 hermanos, no se hacía esperar más y salía a ver a su galán. No pasó mucho tiempo para que José se le mandara y fueran enamorados.
Todo era color de rosa. El la cortejaba con lujos y detalles, le susurraba palabras hermosas al oído, le hacía obsequios inesperados, era hermoso, era romántico, se podía oler el amor en el aire. Pero lamentablemente… no todo lo que brilla es oro.
Su padre, al que la mujer le tenía tanto miedo, se enteró. Pero eso no fue el debacle de aquella relación. Tampoco fue José quien le engañó con otra. Tampoco fue ella. El gran problema de ese amor tan puro y sincero… era Cristofer, el hermano mayor de José.
Pero ¿Qué tiene que ver su hermano con ellos? Pues mucho. Cristofer… era un delincuente que recién había salido de la cárcel. Era la peor alimaña que había, era la escoria de la sociedad.
La dama le decía a su padre con suplicio que José no era así, era diferente a su hermano. El padre de contextura gruesa, vos raspante y carácter insoportable, le dijo que tarde o temprano él haría lo mismo, ya que en los genes lo lleva. La pobre chica entre llantos le repetía que era diferente, que José trabajaba en una empresa textil, era un caballero.
Su padre desesperado… le sacó una prueba más de aquel tipejo que era Cristofer. Sacó de su habitación varios periódicos donde decían cosas insanas del hermano de José. Ella terminó diciendo que no lo vería más, pero fue lo peor que dijo.
En aquellos días tétricos, José la invitó a comer a su casa. Su madre, del chico enamorado, la atendió muy bien. El joven le decía que nada le había a pasar. Le prometió que mientras ella estuviera con él… todo iba a salir bien. Pues la reunión iba de la mejor manera, el tiempo transcurría y la noche se acrecentaba cada vez más. El silencio era el sonido perfecto para la velada tan hermosa que tenían. Pero fue una situación la que cambió la historia de aquella mujer.
Gritos enardecidos, disparos en el aire, y sirenas de policías se escuchaban en la calle. Cristofer de una patada tumbó la puerta de su casa y entró. Una gran cantidad de alguaciles entraron al recinto. La madre desesperada defendía a su hijo. José con puñetes y patadas comenzó a pelearse con los policías. Era realmente un ‘Loquerio’. Pero al cabo de unos minutos, se lo llevaron preso nuevamente a Cristofer. El dolor era insoportable.
José miró a su enamorada. En las pupilas de la mujer había enojo y asco. Ella se acercó y le dijo: que lo mejor será que ya no se vean por el bien de los dos. Con lágrimas entre los ojos, José le dijo que no se fuera, que es mejor morir de un balazo en la boca o una inyección de estricnina, a estar lejos de ella. La mujer no respondió y se retiró sin decir palabra alguna. El dolor insoportable no era de la madre que su hijo había sido arrestado, tampoco era de José, el dolor agudo era de la chica que se hace unos minutos que se había retirado.
Todos los días iba José en busca de su amada, silbaba como siempre lo hacía, pero ella… ya no salía. Pasó 2 años para que José entrara a la casa de su amada. Fue el padre de la chica de 15 años quién lo hizo entrar. Pero hubiera sido mejor que no ingresara a la casa del amor de su vida.
El padre de nombre impronunciable, lo hizo entrar y José vio a su ex – enamorada en los brazos de otro. El dolor fulminó su corazón y un llanto silencioso recorría por todo su cuerpo. El padre de carácter insoportable le dijo: que ese hombre que estaba con ella, era mucho mejor que él, qué tenía un trabajo estable y que por favor se olvidará de su hija. José, se retiró sin decir palabra alguna, pues aquel joven había pagado los pecados de su hermano y el ‘Mejor Partido’ se había quedado con la dama.
Pues aquella tarde calurosa de Enero, me quedé perplejo por lo que me terminó diciendo aquella mujer. “En ese momento quería estar con José y no con tu abuelo”. Sí, aquella mujer de la que habló con tanto afán… era mi abuela. Su nombre de la dama es Mercedes. Pero luego de ver su risa dibujada en su rostro, ella terminó calmando mis dudas con una frase que hasta ahora la recuerdo. “Hijo descuida, a tu abuelo que en paz descanse, lo quise mucho. Esa historia pasó hace 65 años. Pero eso sí, aquella historia fue… mi primera ilusión”.
Ella vive en la avenida Argentina, en un pasaje que da a una casa de esteras. Es de carácter dócil, mirada penetrante y una sonrisa escandinava. Es una chica que para la mayor parte de su tiempo en casa. Las pocas veces que su papá la deja salir es para comprar. Pero fue así como lo conoció. El galán que tanto la hizo suspirar, aquel chico con la que tuvo… su primera ilusión.
Ella tiene 15 años. No recuerda el día exacto en el que lo conoció, pero sí sabe cómo pasó. Su madre, una mujer de 60 años, cegada por un viento huracanado, la mandó a comprar a la tienda. El estaba ahí, la miró, la observó, divisó cada detalle de su fisonomía. <<
Ella ni siquiera lo miró, simplemente lo escuchó e hizo sordo a sus frases de galantería. Pero tuvo que pasar días y noches para que la dama de mirada penetrante… le hiciera caso.
José es un tipo flaco, de ojos pequeños, labios carnosos y tez trigueña. Pero fue así que enamoró a la dama que tanto quería, que tanto adoraba, que tanto idolatraba, y que posiblemente… amaba.
Todas las noches de luna la iba a buscar. Ella salía desesperada, nerviosa. Sus padres, sobre todo su papá... no podía verla con ningún chico. Era aquel individuo típico que es muy celoso con su hija. Sin embargo, ella salía a escondidas a verlo.
Parecía que fuera la rutina de todos los días. El reloj de pared marcaban 7:00 pm y José estaba afuera, esperándola. El soltaba un silbido. Sí, ese silbido inconfundible que hasta ahora recuerda. La dama, que era la menor de 4 hermanos, no se hacía esperar más y salía a ver a su galán. No pasó mucho tiempo para que José se le mandara y fueran enamorados.
Todo era color de rosa. El la cortejaba con lujos y detalles, le susurraba palabras hermosas al oído, le hacía obsequios inesperados, era hermoso, era romántico, se podía oler el amor en el aire. Pero lamentablemente… no todo lo que brilla es oro.
Su padre, al que la mujer le tenía tanto miedo, se enteró. Pero eso no fue el debacle de aquella relación. Tampoco fue José quien le engañó con otra. Tampoco fue ella. El gran problema de ese amor tan puro y sincero… era Cristofer, el hermano mayor de José.
Pero ¿Qué tiene que ver su hermano con ellos? Pues mucho. Cristofer… era un delincuente que recién había salido de la cárcel. Era la peor alimaña que había, era la escoria de la sociedad.
La dama le decía a su padre con suplicio que José no era así, era diferente a su hermano. El padre de contextura gruesa, vos raspante y carácter insoportable, le dijo que tarde o temprano él haría lo mismo, ya que en los genes lo lleva. La pobre chica entre llantos le repetía que era diferente, que José trabajaba en una empresa textil, era un caballero.
Su padre desesperado… le sacó una prueba más de aquel tipejo que era Cristofer. Sacó de su habitación varios periódicos donde decían cosas insanas del hermano de José. Ella terminó diciendo que no lo vería más, pero fue lo peor que dijo.
En aquellos días tétricos, José la invitó a comer a su casa. Su madre, del chico enamorado, la atendió muy bien. El joven le decía que nada le había a pasar. Le prometió que mientras ella estuviera con él… todo iba a salir bien. Pues la reunión iba de la mejor manera, el tiempo transcurría y la noche se acrecentaba cada vez más. El silencio era el sonido perfecto para la velada tan hermosa que tenían. Pero fue una situación la que cambió la historia de aquella mujer.
Gritos enardecidos, disparos en el aire, y sirenas de policías se escuchaban en la calle. Cristofer de una patada tumbó la puerta de su casa y entró. Una gran cantidad de alguaciles entraron al recinto. La madre desesperada defendía a su hijo. José con puñetes y patadas comenzó a pelearse con los policías. Era realmente un ‘Loquerio’. Pero al cabo de unos minutos, se lo llevaron preso nuevamente a Cristofer. El dolor era insoportable.
José miró a su enamorada. En las pupilas de la mujer había enojo y asco. Ella se acercó y le dijo: que lo mejor será que ya no se vean por el bien de los dos. Con lágrimas entre los ojos, José le dijo que no se fuera, que es mejor morir de un balazo en la boca o una inyección de estricnina, a estar lejos de ella. La mujer no respondió y se retiró sin decir palabra alguna. El dolor insoportable no era de la madre que su hijo había sido arrestado, tampoco era de José, el dolor agudo era de la chica que se hace unos minutos que se había retirado.
Todos los días iba José en busca de su amada, silbaba como siempre lo hacía, pero ella… ya no salía. Pasó 2 años para que José entrara a la casa de su amada. Fue el padre de la chica de 15 años quién lo hizo entrar. Pero hubiera sido mejor que no ingresara a la casa del amor de su vida.
El padre de nombre impronunciable, lo hizo entrar y José vio a su ex – enamorada en los brazos de otro. El dolor fulminó su corazón y un llanto silencioso recorría por todo su cuerpo. El padre de carácter insoportable le dijo: que ese hombre que estaba con ella, era mucho mejor que él, qué tenía un trabajo estable y que por favor se olvidará de su hija. José, se retiró sin decir palabra alguna, pues aquel joven había pagado los pecados de su hermano y el ‘Mejor Partido’ se había quedado con la dama.
Pues aquella tarde calurosa de Enero, me quedé perplejo por lo que me terminó diciendo aquella mujer. “En ese momento quería estar con José y no con tu abuelo”. Sí, aquella mujer de la que habló con tanto afán… era mi abuela. Su nombre de la dama es Mercedes. Pero luego de ver su risa dibujada en su rostro, ella terminó calmando mis dudas con una frase que hasta ahora la recuerdo. “Hijo descuida, a tu abuelo que en paz descanse, lo quise mucho. Esa historia pasó hace 65 años. Pero eso sí, aquella historia fue… mi primera ilusión”.
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