Era el mes de Diciembre. Habían pasado ya 4 meses desde que ocurrió el terremoto en Perú. Sí, era el año 2007 y la navidad ya había pasado.
Recuerdo que era un 28 de Diciembre. Estaba parado en la esquina disfrutando del sol con mis amigos de siempre. Estábamos acordando que cosa haríamos por año nuevo. Habían muchas alternativas pero ninguna concreta aún. Al cabo de unos instantes… apareció un tipo alto, de piel marfilada y cabello corto. Todos lo miraron de reojo con cierta indiferencia. Yo me acerqué y le estreché la mano.
Recuerdo que era un 28 de Diciembre. Estaba parado en la esquina disfrutando del sol con mis amigos de siempre. Estábamos acordando que cosa haríamos por año nuevo. Habían muchas alternativas pero ninguna concreta aún. Al cabo de unos instantes… apareció un tipo alto, de piel marfilada y cabello corto. Todos lo miraron de reojo con cierta indiferencia. Yo me acerqué y le estreché la mano.
Era mi amigo, mi fiel amigo que conocí cuando apenas tenía 6 años de edad. Con una gaseosa entre manos, le pregunté qué cosa haríamos ese año con ‘La Gente’. El respondió enseguida que nada, por qué ese año la pasaría en una playa del sur, con toda su familia.
El sorbo de la bebida hizo que tragara mi amargura por tal insolente respuesta. Pues en aquel tiempo, yo era un muchacho inmaduro al igual que el resto de mis amigos e incluyendo al joven de piel marfilada. El se retiró diciendo que de todas maneras pasáramos un feliz año nuevo. Todos ignoramos sus buenos deseos y ninguno esbozó palabra alguna. Tal vez nadie imaginó que es lo que pasaría más adelante.
Pasaron los días y nadie supo nada de él. Finalmente llegó el día esperado. Sí, era 31 de Diciembre, fecha emotiva para celebrar. Pero lo que pudo ser alegría para algunos, para otros fue sufrimiento, lágrimas, y dolor.
Aquel chico se alistaba para irse a pasar el año nuevo fuera de casa. Su padre, un señor respetable, de ojos color cafés, y vos gruesa, le dijo a su familia para ir de compras. Pero solo fue su hija menor, el joven de estatura alta y su esposa, una señora que de tan solo verla te causa temor. Pero aquellos que la conocen, saben que es una persona sincera y de gran corazón.
El sol de ese día era insoportable. Las calles, restaurantes, tiendas y otros lugares públicos… estaban aglomerados de personas. Parecía una colonia de hormigas paseando por toda la ciudad.
Aquel tipo seguía transitando por aquellas avenidas, caminando de un lugar a otro. De pronto, su corazón comenzó a latir más fuerte que de costumbre, tenía el rostro empalidecido, las manos entre sudadas y un sueño profundo que comenzó acogerlo. Sus ojos pestañeaban intermitentemente. Su padre le dijo que solo era por el calor que hacía, pero su madre sabía que era algo más que eso.
El reloj de pared marcaba las 7:30 pm. En la casa de aquel muchacho, todos estaban felices porque faltaba muy poco para que se fueran a la playa… a pasar el año nuevo.
Sin embargo, lo que todo estaba planificado para una gran fiesta, terminó siendo una noche de sufrimiento, angustia y finalmente… alegría.
Todos estaban casi listos para salir de su casa. Solo faltaba que se terminara de alistar, aquel chico con el que minutos antes yo me había molestado. El estaba en el baño lavándose, cuando se escuchó un fuerte golpe en aquella noche tranquila de Diciembre.
La señora de la casa, fue rápidamente a ver qué había pasado. Cuando de su garganta brotó un grito desesperado, bastante desaforado por la situación. Su hijo, de apenas 16 años de edad, estaba tirado en el suelo completamente desmayado, con los ojos blancos y el cuerpo tembloroso.
Ese grito de alarma, alertó rápidamente a su padre. Que sin perder minuto alguno, lo cogió entre sus brazos como la primera vez que lo vio nacer. Le dijo a su hija mayor, que lo acompañara a la clínica donde sería atendido minutos más tarde. Mientras se dirigían al hospital, en su casa había mucho temor por lo que pasaría. Su madre, lloraba desconsoladamente cada segundo que pasaba. Por otro lado, su padre manejaba lo más veloz que podía, sin importarle cual luz roja se pasaba por cada semáforo con el que se encontraba. Pues era una situación realmente alarmante.
El muchacho seguía con los ojos blancos y la piel comenzó a ponérsele fría. En todo ese furor de angustia, su hermana que lo tenía entre brazos en aquel auto, comenzó a darle de palmadas en el rostro y a decirle que no se podía ir, que aún le faltaba mucho por vivir. Pues aquel joven se sintió arrullado por la delicadeza y calidez de la vos de su hermana.
Al llegar a la clínica, su padre entró rápidamente y exclamó a un doctor para que atendiera a su hijo. Los mejores doctores de aquel hospital, lo comenzaron a examinar minuciosamente al muchacho enfermo.
Faltaban solo 2 horas para que llegara el año nuevo y el muchacho de nombre Jefry Alexander Mejía Montesinos, no despertaba de tal profundo sueño en el que estaba. En los pasadizos de la clínica, se escuchaba el caminar de una persona, el cual todos vieron entrar por esa puerta donde se encontraba Jefry. Era su hermano mayor, un hombre que nadie nunca antes había visto llorar. Este, hincándose en el suelo, con lágrimas entre los ojos, pidió que por favor su hermano se levantara.
Pues para el médico tal vez no tenía importancia para el éxito o fracaso de la petición, pero para Jefry, en su fuero íntimo, la tenía. Finalmente, a las 10:30pm, Jefry abrió los ojos y despertó de tal desmayo que había sufrido. Pues fue ‘Un Feliz Despertar’ lo que había ocurrido en ese momento, desatando así… lágrimas de alegría entre sus familiares.
El origen de todo este problema, fue una negligencia médica que había pasado. En vez de recetarle una pastilla para la gripe, le habían dado una para diabéticos. Pues todo esto generó una descompostura total en todo su cuerpo.
Esa noche del 31 de Diciembre, sin lluvia ni nubes, con el cielo tachonado de estrellas que se reflejaba en las aguas del río y un rumor pasado del viento cálido, Jefry Mejía pasó el año nuevo en la clínica, y se quedó cerca de una semana.
Todos mis amigos, incluyendo quien escribe esta crónica, pensábamos que Jefry Mejía, estaba en esa playa pasándola de lo mejor. Al enterarme de la noticia, fui rápidamente a verlo a su casa y no supe que decirle en esos momentos.
Pues han pasado cerca de 4 años desde que ocurrió tal incidente, y a través de estas líneas quiero que sepa que si hubiera ocurrido lo peor, jamás me lo hubiera perdonado. Pues gracias a Dios que le dio una segunda oportunidad a él… y por supuesto a mí para decirle cuanto lo siento, y cuanto lo aprecio de todo corazón…. El fue mi amigo, lo es y lo será por siempre.
El sorbo de la bebida hizo que tragara mi amargura por tal insolente respuesta. Pues en aquel tiempo, yo era un muchacho inmaduro al igual que el resto de mis amigos e incluyendo al joven de piel marfilada. El se retiró diciendo que de todas maneras pasáramos un feliz año nuevo. Todos ignoramos sus buenos deseos y ninguno esbozó palabra alguna. Tal vez nadie imaginó que es lo que pasaría más adelante.
Pasaron los días y nadie supo nada de él. Finalmente llegó el día esperado. Sí, era 31 de Diciembre, fecha emotiva para celebrar. Pero lo que pudo ser alegría para algunos, para otros fue sufrimiento, lágrimas, y dolor.
Aquel chico se alistaba para irse a pasar el año nuevo fuera de casa. Su padre, un señor respetable, de ojos color cafés, y vos gruesa, le dijo a su familia para ir de compras. Pero solo fue su hija menor, el joven de estatura alta y su esposa, una señora que de tan solo verla te causa temor. Pero aquellos que la conocen, saben que es una persona sincera y de gran corazón.
El sol de ese día era insoportable. Las calles, restaurantes, tiendas y otros lugares públicos… estaban aglomerados de personas. Parecía una colonia de hormigas paseando por toda la ciudad.
Aquel tipo seguía transitando por aquellas avenidas, caminando de un lugar a otro. De pronto, su corazón comenzó a latir más fuerte que de costumbre, tenía el rostro empalidecido, las manos entre sudadas y un sueño profundo que comenzó acogerlo. Sus ojos pestañeaban intermitentemente. Su padre le dijo que solo era por el calor que hacía, pero su madre sabía que era algo más que eso.
El reloj de pared marcaba las 7:30 pm. En la casa de aquel muchacho, todos estaban felices porque faltaba muy poco para que se fueran a la playa… a pasar el año nuevo.
Sin embargo, lo que todo estaba planificado para una gran fiesta, terminó siendo una noche de sufrimiento, angustia y finalmente… alegría.
Todos estaban casi listos para salir de su casa. Solo faltaba que se terminara de alistar, aquel chico con el que minutos antes yo me había molestado. El estaba en el baño lavándose, cuando se escuchó un fuerte golpe en aquella noche tranquila de Diciembre.
La señora de la casa, fue rápidamente a ver qué había pasado. Cuando de su garganta brotó un grito desesperado, bastante desaforado por la situación. Su hijo, de apenas 16 años de edad, estaba tirado en el suelo completamente desmayado, con los ojos blancos y el cuerpo tembloroso.
Ese grito de alarma, alertó rápidamente a su padre. Que sin perder minuto alguno, lo cogió entre sus brazos como la primera vez que lo vio nacer. Le dijo a su hija mayor, que lo acompañara a la clínica donde sería atendido minutos más tarde. Mientras se dirigían al hospital, en su casa había mucho temor por lo que pasaría. Su madre, lloraba desconsoladamente cada segundo que pasaba. Por otro lado, su padre manejaba lo más veloz que podía, sin importarle cual luz roja se pasaba por cada semáforo con el que se encontraba. Pues era una situación realmente alarmante.
El muchacho seguía con los ojos blancos y la piel comenzó a ponérsele fría. En todo ese furor de angustia, su hermana que lo tenía entre brazos en aquel auto, comenzó a darle de palmadas en el rostro y a decirle que no se podía ir, que aún le faltaba mucho por vivir. Pues aquel joven se sintió arrullado por la delicadeza y calidez de la vos de su hermana.
Al llegar a la clínica, su padre entró rápidamente y exclamó a un doctor para que atendiera a su hijo. Los mejores doctores de aquel hospital, lo comenzaron a examinar minuciosamente al muchacho enfermo.
Faltaban solo 2 horas para que llegara el año nuevo y el muchacho de nombre Jefry Alexander Mejía Montesinos, no despertaba de tal profundo sueño en el que estaba. En los pasadizos de la clínica, se escuchaba el caminar de una persona, el cual todos vieron entrar por esa puerta donde se encontraba Jefry. Era su hermano mayor, un hombre que nadie nunca antes había visto llorar. Este, hincándose en el suelo, con lágrimas entre los ojos, pidió que por favor su hermano se levantara.
Pues para el médico tal vez no tenía importancia para el éxito o fracaso de la petición, pero para Jefry, en su fuero íntimo, la tenía. Finalmente, a las 10:30pm, Jefry abrió los ojos y despertó de tal desmayo que había sufrido. Pues fue ‘Un Feliz Despertar’ lo que había ocurrido en ese momento, desatando así… lágrimas de alegría entre sus familiares.
El origen de todo este problema, fue una negligencia médica que había pasado. En vez de recetarle una pastilla para la gripe, le habían dado una para diabéticos. Pues todo esto generó una descompostura total en todo su cuerpo.
Esa noche del 31 de Diciembre, sin lluvia ni nubes, con el cielo tachonado de estrellas que se reflejaba en las aguas del río y un rumor pasado del viento cálido, Jefry Mejía pasó el año nuevo en la clínica, y se quedó cerca de una semana.
Todos mis amigos, incluyendo quien escribe esta crónica, pensábamos que Jefry Mejía, estaba en esa playa pasándola de lo mejor. Al enterarme de la noticia, fui rápidamente a verlo a su casa y no supe que decirle en esos momentos.
Pues han pasado cerca de 4 años desde que ocurrió tal incidente, y a través de estas líneas quiero que sepa que si hubiera ocurrido lo peor, jamás me lo hubiera perdonado. Pues gracias a Dios que le dio una segunda oportunidad a él… y por supuesto a mí para decirle cuanto lo siento, y cuanto lo aprecio de todo corazón…. El fue mi amigo, lo es y lo será por siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿QUÉ OPINAS?