A pesar que recién es mí segunda votación en estas elecciones, siento que ya quiero que sea la última.
Pues días antes al 10 de Abril, las elecciones comenzaron a martirizarme poco a poco. Una de ellas fue cuando miraba mi serie favorita y lo interrumpían a cada rato con sus propagandas televisivas. Pues aquello no era lo único… muchas veces me dirigía hacia algún lugar y los mítines de campaña me agarraban en plena calle, retrasando así al vehículo en el que viajaba.
Capas te haya pasado lo mismo que a mí, y aún así has soportado tal desenfrenada “Campaña Electoral”.
Pues días antes al 10 de Abril, las elecciones comenzaron a martirizarme poco a poco. Una de ellas fue cuando miraba mi serie favorita y lo interrumpían a cada rato con sus propagandas televisivas. Pues aquello no era lo único… muchas veces me dirigía hacia algún lugar y los mítines de campaña me agarraban en plena calle, retrasando así al vehículo en el que viajaba.
Capas te haya pasado lo mismo que a mí, y aún así has soportado tal desenfrenada “Campaña Electoral”.
El día esperado llegó. Tanto para los postulantes a la presidencia, congreso, parlamento andino, familiares de los políticos, Hugo Chávez, personas, y por supuesto… yo.
Mi celular comenzó a sonar a las 9.00 am. Era esa alarma desesperante que cómo muchas mañanas no me dejaba dormir. Me levanté, observé el dormitorio de mis hermanos y todavía seguían durmiendo. Bajé al primer piso, y mis padres miraban televisión.
Puse a calentar el agua, para servirme después una taza de café bien cargado. Al ver que no había pan, fui a comprar a las tiendas y panaderías por haber… y me di con la sorpresa que no había absolutamente nada. ¿Crees que tenga que ver algo con las elecciones?
Siendo ya las 10:30 am, fui al paradero a tomar el carro que me llevaría al colegio Politécnico del Callao (mi lugar de votación). Pues el sol de la mañana era sofocante y por mi frente chorreaba gotas y gotas de sudor. Mi ropa era ligeramente fresca. Vestía un short crema, zapatillas blancas, polo azul y unos lentes grandes que me tapaban el pómulo de las mejillas.
Las calles y avenidas, estaban repleta de carros. Pero, peor era ver a las personas que iban dentro de esos carros. ¿Has visto alguna vez una colmena de abejas? Si te dijera que es idéntico, estaría seguro que no escaparía de la realidad.
Felizmente para mí, yo estaba sentado en la parte delantera del micro, fresco y cómodo. Pero esa felicidad solo me duró de ida.
Al dar mi voto en dicho local (el voto es secreto, pero eso es floro, PPK) tenía que regresar a mi destino, mi casa. En el paradero de la avenida Elmer Faucett, había gran cantidad de gente, muchísima diría yo. El clima había incrementado su temperatura y el sol estaba más radiante que de costumbre. Esperé cerca de 15 minutos para subirme a un micro.
Esta vez, me tocó estar parado en dicho vehículo. Los olores nauseabundos comenzaron a impregnarse en mi nariz, que poco a poco comenzó a perder el olfato. Minutos después… la gente empezó a desesperarse. Madres con hijos en el brazo se peleaban con señoras embarazadas, discapacitados discutían con los abuelos. Toda esta riña por un asiento reservado.
Ya más tranquilo y con el micro más vacio, pude sentarme. Pues mis gafas negras que aún llevaba en el rostro, disimulaba esa mirada maniaca con la que miraba a cual persona se me atravesara. Mi obsesión de ese momento era saber: ¿cuántas personas ya habían votado? Por consecuencia, les miraba el dedo para saber si es que YA estaba de color morado o violeta. Así me pasé a lo largo del camino, sin más que hacer ni qué decir.
Llegué a mi casa al promediar el medio día. Todos ya habían desayunado y estaban a punto de irse a votar. Pues no sé qué historia habrán pasado ellos o capas ustedes, amigo lector. Lo único seguro, es que esta “Fiesta Patriótica” es bastante pesada y tediosa.
Son casi las 9.00 pm de este día de elecciones. Al parecer habrá una segunda vuelta entre Ollanta y Keiko o Kuczynski. Solo espero, POR FAVOR…qué esta “Pesadilla De Elecciones”… no se vuelta a repetir… y solo fuera así, que Dios nos ampare a mí y por supuesto a ustedes mis queridos amigos.
Mi celular comenzó a sonar a las 9.00 am. Era esa alarma desesperante que cómo muchas mañanas no me dejaba dormir. Me levanté, observé el dormitorio de mis hermanos y todavía seguían durmiendo. Bajé al primer piso, y mis padres miraban televisión.
Puse a calentar el agua, para servirme después una taza de café bien cargado. Al ver que no había pan, fui a comprar a las tiendas y panaderías por haber… y me di con la sorpresa que no había absolutamente nada. ¿Crees que tenga que ver algo con las elecciones?
Siendo ya las 10:30 am, fui al paradero a tomar el carro que me llevaría al colegio Politécnico del Callao (mi lugar de votación). Pues el sol de la mañana era sofocante y por mi frente chorreaba gotas y gotas de sudor. Mi ropa era ligeramente fresca. Vestía un short crema, zapatillas blancas, polo azul y unos lentes grandes que me tapaban el pómulo de las mejillas.
Las calles y avenidas, estaban repleta de carros. Pero, peor era ver a las personas que iban dentro de esos carros. ¿Has visto alguna vez una colmena de abejas? Si te dijera que es idéntico, estaría seguro que no escaparía de la realidad.
Felizmente para mí, yo estaba sentado en la parte delantera del micro, fresco y cómodo. Pero esa felicidad solo me duró de ida.
Al dar mi voto en dicho local (el voto es secreto, pero eso es floro, PPK) tenía que regresar a mi destino, mi casa. En el paradero de la avenida Elmer Faucett, había gran cantidad de gente, muchísima diría yo. El clima había incrementado su temperatura y el sol estaba más radiante que de costumbre. Esperé cerca de 15 minutos para subirme a un micro.
Esta vez, me tocó estar parado en dicho vehículo. Los olores nauseabundos comenzaron a impregnarse en mi nariz, que poco a poco comenzó a perder el olfato. Minutos después… la gente empezó a desesperarse. Madres con hijos en el brazo se peleaban con señoras embarazadas, discapacitados discutían con los abuelos. Toda esta riña por un asiento reservado.
Ya más tranquilo y con el micro más vacio, pude sentarme. Pues mis gafas negras que aún llevaba en el rostro, disimulaba esa mirada maniaca con la que miraba a cual persona se me atravesara. Mi obsesión de ese momento era saber: ¿cuántas personas ya habían votado? Por consecuencia, les miraba el dedo para saber si es que YA estaba de color morado o violeta. Así me pasé a lo largo del camino, sin más que hacer ni qué decir.
Llegué a mi casa al promediar el medio día. Todos ya habían desayunado y estaban a punto de irse a votar. Pues no sé qué historia habrán pasado ellos o capas ustedes, amigo lector. Lo único seguro, es que esta “Fiesta Patriótica” es bastante pesada y tediosa.
Son casi las 9.00 pm de este día de elecciones. Al parecer habrá una segunda vuelta entre Ollanta y Keiko o Kuczynski. Solo espero, POR FAVOR…qué esta “Pesadilla De Elecciones”… no se vuelta a repetir… y solo fuera así, que Dios nos ampare a mí y por supuesto a ustedes mis queridos amigos.
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