20 ago 2011

Llevados por el Furor


Una vez más sufro y asumo las consecuencias de las elecciones que hago. La primera vez que tuve una enamorada apenas tenía 10 años, por cierto, ella era mayor que yo (12 años) ¡Uy sí que mayor! Pero para esa edad lo era. Duramos cerca de un año, ella me enseñó lo que era un beso, pues creía que ya era un experto en la materia. Meses después, terminamos. Luego no tuve más enamoradas hasta que llegué a los 16 años. Por supuesto, antes me ilusioné con otras chicas que no llegaron a más que ser amigas.

La segunda, era una chica alta, de mi edad, de cabello castaño, ojos marrones, de buen cuerpo. Al principio, me gustó mucho. Todos los días iba a su casa a verla. Recuerdo que aún estaba en el colegio, así que le dije que fuera mi pareja de promoción. Recuerdo muy bien ese día. Tenía un vestido azul brillante que le llegaba a las rodillas, un peinado de la época medieval, y un escotado que no le caía nada mal. Para ser sincero, era lo que más me gustaba de ella, su sensualidad como mujer. Aquella noche fue especial, muchos me miraban con envidia. Yo la tenía entre mis brazos, ella era feliz, lo veía en su cara o al menos eso me demostraba. Fuimos enamorados, pero nadie lo supo, ni siquiera yo. Estuvimos un par de meses y se terminó como empezó, de la nada. Ella se había dejado llevar por unos chismes bastantes calumniadores y a mí, me dijeron lo mismo. Había quedado adolorido, no quería saber más de nadie.

Pasó un año y medio y apareció una nueva chica en mi vida. Ella tenía unos ojos dormilones y bellos, una sonrisa suave, un tono de vos agradable y, una simpatía que difícilmente vuelva encontrar. Una amiga me la presentó. Fue una experiencia inolvidable. Los mensajes al celular eran algo tontos pero graciosos. Me decía para vernos a cada momento, y yo accedía inmediatamente. Lo curioso es que muchas veces la acompañaba a la casa de una amiga que justo vivía frente a la casa de mi segunda enamorada. Nose porqué pero me ponía nervioso cada vez que transitábamos por ese lugar. Recuerdo bien que para mi cumpleaños me regaló una flor, sin vergüenza a nada y a nadie. Tal vez fue lo que más valoré aquella noche de Noviembre. El primer beso que me dio me llevó al cielo y me hizo tocar las estrellas. En ese tiempo comenzaba mis prácticas como periodista deportivo y muchas veces la veía en el estadio. A mi madre nunca le cayó bien y no sé porqué. Pero mi felicidad terminó de nuevo. Un año y medio juntos y se fue. No supe nada de ella en 5 meses. Cuando la volví a ver, ella era otra. No era la misma de antes, pensé que se podía arreglar pero ya era en vano. Así que lo mejor fue separarnos. Aunque la seguía viendo, sin ser enamorados, todo nos fue mal. Ocurrió un problemón que hasta ahora perdura y perdí toda comunicación con ella, excepto algunos mensajes que a veces llegan pero que ya no tienen sentido.

Jurado de las cosas que me habían pasado, decidí no tener enamorada por un buen tiempo. Todavía la extrañaba. En las noches la recordaba y la pena se acogía en mi pecho. Miraba el celular y su número desapareció entre mis contactos. Un amigo de la universidad, por cierto uno de mis mejores amigos, me dijo una vez: “Un clavo saca otro clavo”, me pareció una frase bastante trillada, pero no le dije nada, solo reí. Llegó Diciembre y por fin tuve unas merecidas vacaciones de la universidad. Mi hermana en aquel tiempo estaba de promoción. Yo ni siquiera le tomaba importancia. Hasta que una mañana, mi madre me dijo que vaya al colegio a tomarle un par de fotos. Por supuesto, me negué, pero tanta fue su insistencia que me terminó por convencer y fui. Ese día tomé fotos a todos los alumnos de la ‘Prom’. La verdad no recuerdo si fui yo quien la agregó o fue ella, lo único cierto es que la tenía entre mis contactos de ‘FB’. Era una amiga o compañera de mi hermana. Siempre la fastidiaba con su foto llorona que mi lente había tomado. Nos fuimos hablando y el tiempo nos convirtió en amigos. Solo la veía como una amiga, pero estaba equivocado. Me fui ilusionando hasta que me enamoré. Sí, fue mi enamorada. Una vez más estuve de nuevo en la lista de bobos enamorados. Ella tiene los ojos marrones acaramelados, unos labios refinados y una sonrisa bastante dulce. Con ella, hice cosas que jamás pensé hacer. Una carta a mano, unas rosas, un anillo, una canción, y muchas cosas más que solo ella y yo sabemos. Mis amigos y compañeros no podían creerlo, pero era la pura realidad. Curiosamente a mi madre le caía bien, algo raro porque ella es una madre bastante celosa. Total, yo era feliz y ella también lo era. Pero nuevamente vino Cupido y me bofeteó. Me dijo que yo no podía estar con alguien. Pasaron los meses y ella me terminó. Me puse mal, pero sabía que tarde o temprano iba ah pasar. Luché hasta dónde pude pero ya se había acabado. La relación se desgastó y las fuerzas y la ilusión se me acabaron. No sé cómo pero siempre me ocurre lo mismo. Otra vez diré que no quiero enamorarme pero el destino, el tiempo, y el amor, siempre me sorprenden cuando menos me lo imagino.

En realidad, no sé si alguien vaya a leer todo lo que acabo de escribir. Solo sé que si escribo es para echar todos mis demonios que tengo encima – como diría Beto Ortiz – para poder vivir en paz y sin remordimiento. Qué cosas no he pasado con estas chicas… he sonreído, he llorado, he gozado, he entristecido, me he sorprendido, he conmocionado, he gastado dinero, he burlado, las hechos felices, y todas la “He” y “Verbos” que puedas encontrar. Como dice mi madre: “Uno de los errores siempre aprende”, espero que por lo menos yo haya aprendido algo. Nada más, hasta la próxima, chau.

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