2 oct 2011

El sueño del Miedo

Estábamos sentados en la mesa de Burguer King todos mis compañeros. Riendo, vacilando, fastidiando, jodiendo. Eran las 11:05 pm. No había luna ni estrellas, el cielo estaba oscuro, tan oscuro que las calles apenas eran alumbradas por los postes de luz.

Alrededor de aquel puesto de comida, estaba todo desorbitado. Pero, eso no era de interés por el momento, lo que más importaba era esa reunión de chicos en la que estaba sometido.

La campanilla de la puerta sonó. Entraba ella tan risueña. No venía sola, estaba con 3 a 4 chicas y un par de sujetos acachalandrados. Me vio y apenas me levantó la mano para saludarme. Mis amigos percataron mi incomodidad, pero no dijeron nada. Sudé por unos segundos pero luego me pasó. Estaba tranquilo y retorné al ambiente en el que había estado.

Otra vez, escuché ese sonido incómodo que salía de la puerta. Era un tipo de nariz prolongada, cabello trinchudo y de vestimenta andrajosa. Ni bien lo vi entrar, lo reconocí. Días antes, aquel hombre había salido en las noticias, acusado de violación, robo de mano armanda, etc. Sí, era una alimaña y de los peores.

Para evitar problemas, les dije a mis compañeros para retirarnos de aquel lugar lúgubre. Ellos accedieron inmediatamente. Estábamos parados en una avenida, donde había un puente que hacía la unión de dos calles, no había semáforos, y el sonido de la velocidad de los carros era desesperante.

Estaba embarcando a cada uno de mis amigos(as), pero la conciencia me recriminaba una y otra vez, porqué ¡Rayos! había dejado a ese sujeto, junto a la chica que minutos antes había entrado al local.

Entonces, no dudé en regresar. Dejé a mis acompañantes sin decirles nada. Fui corriendo a verla. Entré por un callejón oscuro, la chica risueña venía por ese camino, detrás de ella venía el zarrapastroso, con toda la intención de hacerle daño. Ella gritaba mi nombre pidiendo auxilio. Yo temblaba de los nervios, no por el sujeto sino a miedo a que le pase algo a la dama. Ella se aproximaba cada ves más (con lágrimas entre los ojos). Yo hice mucha fuerza en mi puño y, cuando vi que el alimaña estaba muy cerca de mí, le propicié un golpe en el rostro.

Él cayó al suelo, la chica desapareció entre la neblina y yo, tan asustado, solo vi mi mano. Estaba muy hinchada, la tenía acalambrada. Pero, lo que más me dolió, fue verla desaparecer de mi vista. En esos momentos... desperté.

Eran 4:45 am. Había tenido una pesadilla. Mi mano derecha se adormeció porque me quedé dormido con la mano detrás de la cabeza. Realmente había sudado, todavía tenía miedo. No quería ni siquiera levantarme. Solo atiné a rezar.

No por mí, sino por ella. Porque a pesar que ya no la puedo proteger, a veces presiento que anda por ahí, andando con los peligros que la acechan. Espero, deseo, anhelo, que nada malo le pase. Aquella madrugada, Morfeo me regaló el sueño del miedo

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿QUÉ OPINAS?