
La tarde pálida, el cielo gris, el viento alcanforado; señales de que todavía el invierno se resiste a ir
Él aún la esperaba por última vez. Estaba solo en casa. Eran 4:55pm. No se escuchaba ruido alguno, todo era muy silencioso. Tenía un polo blanco, un pantalón focalizado y el aroma del mejor perfume de stand.
Ella se hizo presente. Vestía muy bien: tenía una camisa de filos morados, un polo blanco por dentro y un pantalón a la cintura. Tenía el cabello suelto, brilloso, tan brilloso como los ojos marrones color café, las pestañas largas y una sonrisa de oreja a oreja. Esa tarde, aquella chica estaba muy simpática.
El joven se quedó anonadado. Apenas le dio un beso en la mejilla y su cuerpo empezó a temblar como un epiléptico. Estaba feliz, parecía un niño en un parque de diversiones.
La hizo pasar, le sirvió un vaso de agua y le preguntó si quería algo más. La bella dama le agradeció diciendo que por el momento eso era todo.
Ambos se sentaron juntos en el mueble, hablando de todo un poco: anécdotas, proyectos, vida personal, y también un tema que hasta hace unos días era algo complicado de mencionar....el amor.
Ella empezó recordando algo que hicieron juntos. El muchacho no dijo nada. Seguían hablando, pero ella insistía en los recuerdos vanos. En el crepúsculo del día, a las 6:18, ella le pidió un abrigo. Algo con que pueda disimular ese frío que recorría por todo su cuerpo.
Entonces, él le dijo si quería acompañarlo a su habitación, dónde tenía toda sus casacas, chompas, poleras, etc. Ella parece que no tuvo problemas, así que lo siguió hasta el 2do piso.
Mientras el joven iba buscando entre su ropa, la chica soltó una frase: Primavera que no llega, te quiero de vuelta. Él se paró, la miró a los ojos, y soltó una sonrisa suave, tranquila, tal vez algo coqueta. Por su lado, ella lo miró con ojos de ternura.
Se acercó y la besó. Ella no puso objeción, también lo besó. Las caricias recorrían por todo su cuerpo. La mujer tocaba la piel del hombre con cierta delicadeza. Sus manos grandes iban desabotonando la camisa que llevaba puesta aquella chica. El polo blanco de ambos quedó en el piso y los pantalones a un costado. La excitación se hizo parte del tiempo, que por cierto se iba dilatando de a poco. Sus cuerpos sudorosos se convertían en uno, la inocencia se terminaba y la seriedad empezaba a tomar forma. Su rostro sonrojaba placer, habían llegado al punto de encuentro, el clímax.
El cuerpo de la mujer temblaba, parece que era de nervios. El brazo de su acompañante bordeaba su cuello, dándole cierta seguridad. Ella preguntó si la quería, el dijo que no. Ella preguntó si quería verla una vez más, el negó con la cabeza. Sus ojos hermosos estaban a punto sollozar, pero las palabras del sujeto fueron más reconfortantes de lo que imaginaba la incrédula.
Después de mucho tiempo, nuevamente le volvió a susurrar al oído: "No te quiero, Te amo. No quisiera verte una vez más, porque deseo tenerte toda la vida. Si esto fuera un sueño, espero que nunca despierte".
Esa noche, dos cuerpos habían sido uno. Pero eso muy poco importó. Al día siguiente, la chica se fue y nunca más regresó. Nadie sabe a dónde, con quién, ni porqué. Parece que la noche que los acogió en su regazo, solo significó un día de PASIONES.
No puedo escribir más. Hasta la próxima, Chau.
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