9 nov 2011

Ironías del Corazón



Ya están pasando los días y ni siquiera empiezo a escribir mi próxima novela para el concurso del premio Copé. La idea ya está, solo me falta algo muy importante para empezar...."Ganas", aunque esa palabrita se puede disimular por "Motivación o Inspiración".



El clima de Lima golpea mis recuerdos(el verano). Pero estoy seguro que nada es eterno, que todo tiene un principio y un final. El único perfecto y eterno es y será por siempre... Dios.



Recuerdo aquel día que estaba en esa discoteca. Tal vez si hubiera tomado aquella decisión, las cosas hubieran cambiado. Esa noche la chica tenía blusa verde, un pantalón pegado a la cadera, de buen cuerpo, cabello lacio, piel canela, naricita respingada. Estaba con un chico a su lado. Este era alto, cabello ensortijado, delgado, blanco como la leche. En realidad, era mi amigo, y él estaba con ella.



Al principio no le tomé importancia, y eso fue mi gran error. Pasaron las canciones, los tragos, las horas, y la cebada comenzaba hacer efecto. La madrugada estaba fría, pero mi piel quemaba por el ambiente en el que estaba. Me acerqué a mi amigo de cabello extravagante y le dije si podía sacar a bailar a la dama que lo acompañaba. Este me dijo que sí, y fue el otro error que pasó esa noche.



A la siguiente canción me acerqué a ella, le estiré mi mano derecha y le dije si gustaba bailar conmigo. Esta respondió "¿Porque no?". Sujetó mi mano y me llevó lejos de donde estaba el resto de amigos con los que habíamos ido a la discoteca. Bailamos, una, dos tres, cuatro,..... y no sé cuantas canciones más. Ella me preguntó cuantos años tenía, yo le respondí. Inmediatamente me dijo que era un bebé, yo solo reí. Seguro era mayor que yo, pero eso muy poco me importaba. Me preguntó si tenía enamorada, le dije que no. Yo le hice la misma pregunta, y ella dijo que sí. Parecía que el diálogo iba bien. Pero, al cabo de unos minutos...la noche se tornó en otro ambiente, algo más complicado tal vez para mí.



Conversábamos de lo más normal, cuando en un momento inesperado, mi rostro y el de ella estaban muy cercas. Habíamos dejado de bailar. Su respiración se hizo profunda, y la mía más bien fue de nervios. Se aproximaba cada vez más, llevaba los ojos cerrados, yo también me acercaba a ella, y cuando disponíamos a besarnos, me quedé congelado. Me retuve, abrí los ojos como el búho de una noche de luna, y no pasó nada. Derrepente, fue el error más grande que pude haber cometido aquel día.



Ella no me dijo nada, solo me miró extrañada. Pero, yo sabía porque me había detenido. No fue por mi amigo, tampoco fue por la chica, ni otro motivo que pueda especular en tu cabeza. De alguna manera, sentí que traicionaba a otra persona, alguien con quien pasé tiempos inolvidables. Sí, soy un reverendo estúpido y un 'Huevo Grande', tal y como me lo habían echo notar mis amigos cuando les conté lo que pasó. Un pata muy osado que de costumbre, me dijo: "Y tú como sabes si ella ya no besó a otro".


Mis dudas incrementaron. Tal vez lo que decían podía ser cierto. Mi subconciente le hablaba al corazón, y este deliraba. Tenía que hacer algo al respecto.


Por eso, quise tragar mi orgullo, mis resentimientos, mi vanidad, mis complejos, e ir defrente y gritarle a la cara todo lo que tenía por dentro. Quería sacar esa daga que se había incrustado en mi cuerpo. Ahí me daría cuenta si todavía era cariño, amor o simplemente los recuerdos que simplemente pasaron.


Fui a buscarla, miré sus ojos, le pregunté como estaba, y la examiné al 100%. Estaba nerviosa, inquieta. Creo que era por otro. Pero en esos momentos noté que ni siquiera le importaba entablar una charla conmigo. Su indiferencia me hablaba más que otra cosa. Entonces no pude decirle lo que debía. Entendí que la historia que una vez empezó, ya había terminado. No me sentí mal como en otras ocasiones, pero sin decir palabra alguna, me despedí para siempre de ella. Las ataduras, las dudas, el inconciente y subconciente... se despejaron aquella tarde. El mismo día que hace 10 meses atráz nos dio un aluvión de amor, pero que ahora nos despedía como dos ciegos al que ya no ven más.


Ahora ya no sentiré que engaño a alguien. El tiempo pasa y las horas van marcando nuevas historias, nuevos retos, nuevos amores, nuevas aventuras. Que bonito recuerdo quedó de aquello, aquello que sentí una vez y me alegró. Con esta declaración abierta, despido y pongo fin al pasado, a las historas de romance, a las ironías del corazón, al menos... hasta que haya otra.


Chau, chau, chau....!!!!

1 comentario:

  1. Anónimo17/11/11

    Tu historia me hace llorar T__________________T
    me hubiera gustado que se den las cosas...

    cdt mucho Axel (n.n)

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