27 mar 2012

REVELACIONES ...........PARTE 1

Eran días en los que no encontraba un rumbo, los caminos por los que solía andar eran confusos y llenos de trochas. Las tormentas sonaban y retumbaban sobre mi cabeza. No era el invierno, no era otoño, pero mi cuerpo y mente deseaban que lo fueran.

Ese era yo, un iracundo que no miraba más allá de lo que poseía o tenía. Miraba el cielo por las noches, las estrellas parecían burlase de mí y la luna era la única amiga que me decía “No desesperes, las cosas tardan pero llegan”.

Los ojos se me hinchaban por el sollozo constante, no encontraba paz, era ajeno a la felicidad. Pero, una mañana grisácea, de cielo nubloso, vientos torrentosos y fríos, ella apareció.

Al principio no lo creía. La luna me habló otra vez, me dijo que la conociera, que sepa quién es ella. Eso fue lo que hice, pero para mi sorpresa, ella no estaba sola. Sí, nuevamente renegué de mi destino, que por un instante, parecía que fuera incierto.

Pasaron los días, las horas y los minutos, y ella se desligó de alguien que no merece mención. Entonces fui yo quien le dio aquel hombro que necesitó alguna vez, aquel tipo que muchas veces miraba a sus ojos y sin decirle nada le transmitía un mensaje de calma, de ternura y posiblemente de cariño.

Los días seguían pasando y ella se fue haciendo parte de mi vida. Tal vez no la veía mucho, pero al escuchar su voz por el celular, imaginaba que estaba a mi costado, viendo su rostro embellecido, tocando sus pequeñas manos cálidas y sintiendo el aroma de su perfume. En esos momentos, era feliz, muy feliz.

Recuerdo que una vez le dije que mirara por su ventana, había alguien que la estaba observando. Tan tímida como suele ser, asomó sus pequeños ojos por aquella abertura que daba lugar al cielo tachonado de estrellas. Ahí, en medio de tanta oscuridad, estaba mi fiel amiga, la que una vez me habló y que ahora estaba alumbrando su rostro de aquella mujer. Era la luna, con su impoluta imagen y hermosa figura, tal como la chica que la veía.

Entonces comprendí que las cosas iban cambiando, iban tomando forma, la esencia ya era diferente, nose si para ella, pero para mí lo era. En esos momentos, una luz divina llegó a mi mente, pero no solo se posó ahí, sino en un lugar más privilegiado, en el músculo más sencillo del ser humano pero el más vital para poder sobrevivir. Sí, mi corazón.

Esa luz divina traía un mensaje. Aquel mensaje no era fácil de entender, pero podía sentir lo que traía dentro. No daré muchas vueltas para revelar lo que decía, porque la chica a la cual se lo quiero revelar no es de aquellas que entra en rodeos, por eso se lo diré de frente pero con mucha delicadeza.

“No es fácil decir te quiero o me gustas, son palabras que así nomás no se dicen, pero puedo decirle a la persona que tengo enfrente, que cuando estoy junto a ella, me siento bien, me hace sentir diferente al resto, que las veces que quiero hablar y hablar me pongo nervioso porque cuando hay silencio tiemblo, pero hasta el silencio me ayuda, porque esa prolongación donde no hay bulla es cuando puedo escuchar su respiración, ver sus ojos y sentir los latidos de su corazón. Es cierto, ella me ha dicho en ocasiones que soy un “Florero”, pero si es la forma de decirle lo que siento, no me importa, porque no me cansaré de decirlo de la forma más sutil y adecuada posible”

Y Ahí termina mi relato, con la más íntima confesión, demostrando al final que ella es la chica que me gusta. No sé si al escuchar o al leer lo que escrito, ella me deje de hablar, espero que no lo fuera. Pero de ser así, es un riesgo que debo asumir, porque cuando uno empieza a querer, las situaciones y los riesgos comienzan hacer parte de la vida.

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