13 sept 2011

Mensaje Divino

“Cuando hay un cambio en tu vida, es porque algo nuevo va empezar”, Anónimo.

Una frase que significó mucho para mí. Lo escuché en el transcurso de la semana, un día sábado para ser más exactos. Estaba viendo televisión cuando sonó el teléfono de casa. No había nadie, así que contesté. El preguntó por mi madre, yo respondí que no estaba. En esos momentos, el notó mi vos entristecida y me dijo qué me pasaba. Por supuesto, instantáneamente, le dije que nada. Fue un grave error.

Por la rapidez de mi respuesta, el se dio cuenta que tenía algo. No me dijo qué, pero yo deduzco que él sabía lo que me pasaba. Solo se atrevió a decirme, que no siempre es lo que nosotros esperamos, que las cosas suceden por algo, y el mismo royo de siempre que ya lo sé de memoria.

Pero, esa tarde de luz resplandeciente, de cielo azulado y viento congelado, el soltó una frase que hizo que cambiara de mentalidad. La frase fue lo que puse al inicio de la nota: ““Cuando hay un cambio en tu vida, es porque algo nuevo va empezar”. No sé, si tal oración lo sacó de un libro, una revista, una biblia, o fue invención suya. Lo único seguro es que con esas palabras, el determinó lo que me pasó después.

En esos momentos, no dije nada, tampoco quería hacerlo. Solo atiné a decirle que tal vez mi madre regresaría más tarde, así podría hablar con ella. Sin embargo, el siguió con el tema. Me dijo que si pasó lo que me estaba sucediendo, fue porque quizás haya cometido un error, que me equivoqué en algo, y que muchas veces estas situaciones nos suelen pasar para corregir aquello que una vez hicimos. Pero qué, ante todo y sobre todo, la vida continúa.

Una vez más, esbocé unas palabras: “Bueno le diré que llamaste, no te preocupes”.

Tal vez, fui grosero, malcriado, inmaduro, irrespetuoso, malagradecido, por cómo le respondí. Pasaron los días, y una noticia llegaron a mis oídos.

Al principio no quise creerlo, pero después confirmé que era verdad. Un grupo de amigos de la universidad, de ciclos avanzados (7°,8°,9°), me dijeron para formar parte de un grupo de televisión. Que yo sería el nuevo reportero de un programa de canal 7. ¡Vaya noticia!

Antes de seguir con el relato, no quisiera quitarle el crédito a la persona que pudo hacer esa noticia en realidad. El es uno de mis mejores amigos que tengo en la universidad, si lee la nota, sabrá que me refiero a él.

Bueno, el día lunes que fue el ensayo general, me pasó algo que solo me había pasado una vez en la vida. Me crucé nuevamente aquella mujer que una vez me miró con cierta diferencia. Estaba distraído yendo al paradero a tomar el carro, cuando vi sus ojos impregnados en los míos. No me dijo nada y yo tampoco lo hice. Ella me conoce y yo a ella, pero nadie nunca nos presentó. Ella estaba con su hijita menor, por supuesto, esta última no se percató de mi presencia. Aquellas miradas apenas duraron algunos segundos, pero en esos segundos, estoy seguro que ella quiso saber algo más de mí, como yo de ella.

Luego que cada uno siguió su camino, me acordé nuevamente de la pena que acongojaba aquel corazón dilacerado. Otra vez, estaba con los recuerdos, con los pensamientos ingenuos, con la ilusión de querer y no poder, con el rencor que marchitó lo que pasó una vez, y muchas cosas más que difícilmente se vuelvan a repetir.

Estaba en ese transe turbio, algo que capas pensé que había terminado. Pero, en esos minutos de sentimientos encontrados, recordé la llamada que recibí aquel sábado de Setiembre. Las palabras que en esos momentos encajaron en mi cerebro, pero sobre todo, en mi corazón. Tal vez, en esos momentos que hablé con aquella persona que llamó a mi madre, no era realmente para ella, sino para mí. Y yo, no me había dado cuenta hasta ese día que pude darle significado aquel Mensaje Divino que me llegó una vez.

Avergonzado, solo me queda decirle a esa persona que me llamó: “Gracias por lo que me dijiste”. Ojala algún día leas esta nota que hice especialmente para ti. Aunque dudo mucho que pueda pasar, nuevamente te repito una y otra vez: “Gracias por lo que hiciste conmigo esa tarde primo”. Que Dios te bendiga donde quiera que estés.

Hasta la próxima, chau.

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